Los recientes enfrentamientos violentos en La Paz han dejado una huella profunda no solo en la seguridad y el orden público, sino también en la economía local, afectando particularmente a los comerciantes que operan en zonas cercanas a la emblemática Plaza Murillo. En medio de la agitación, una serie de actos vandálicos se desataron, impactando directamente a quienes dependen de su trabajo diario para subsistir.
Adriana Poma, una comerciante dedicada a la venta de papelería situada justo en las puertas de los juzgados, vivió una experiencia desgarradora. En medio del caos, su puesto fue saqueado y su mercadería incendiada por manifestantes que aprovecharon la confusión para llevar a cabo estos actos destructivos. “Toda mi mercadería la han sacado y la han quemado”, expresó Adriana entre lágrimas, visiblemente afectada por la pérdida.
La comerciante relató que, al inicio de los enfrentamientos, tomó la precaución de resguardar su mercancía dentro del puesto y se retiró con rapidez para protegerse del gas lacrimógeno que invadía el área. Sin embargo, su intento por salvaguardar su negocio no fue suficiente ante el avance de los disturbios. La situación se tornó caótica rápidamente y ella se encontró impotente frente a lo ocurrido.
Adriana no es la única afectada. Otro establecimiento cercano, una tienda dedicada a la venta de pollo ubicada en la plaza Garita de Lima, también sufrió las consecuencias del vandalismo. Los comerciantes locales observan con preocupación cómo el clima de inestabilidad no solo pone en riesgo sus vidas, sino que también amenaza sus medios de vida.
Los incidentes reflejan un panorama desolador para muchos trabajadores del sector informal y formal en La Paz, quienes enfrentan diariamente retos significativos para mantener sus negocios operativos. La incertidumbre persiste mientras las autoridades intentan restablecer el orden y brindar apoyo a quienes han sido víctimas de estos actos violentos.


