La creciente conflictividad en Bolivia, especialmente marcada por los bloqueos de carreteras en puntos estratégicos, ha generado un clima de preocupación en diversos sectores, con el empresarial a la cabeza. Esta situación ha encendido alarmas sobre el impacto humano que las movilizaciones están ocasionando en la población, lo que ha llevado a líderes empresariales a manifestar su inquietud.
Jean Pierre Antelo, presidente de la Cámara Nacional de Comercio (Cainco), expresó su dolor ante lo que está sucediendo en el país, particularmente en las ciudades de La Paz y El Alto. En sus declaraciones, Antelo subrayó que detrás de cada bloqueo y cada hecho de violencia, quienes más sufren son siempre los más vulnerables, poniendo de manifiesto la necesidad de considerar las consecuencias que estas acciones tienen sobre los sectores más desprotegidos de la sociedad.
El líder empresarial enfatizó la importancia del respeto a las leyes y las garantías ciudadanas, afirmando que estos principios no deberían estar sujetos a negociaciones ni presiones políticas. En su análisis sobre la situación actual, Antelo fue claro al señalar que la paz y el Estado de Derecho no son una concesión política. A pesar de reconocer que el país requiere un debate constructivo sobre sus problemáticas, hizo hincapié en que ninguna causa justifica la violencia, la confrontación o la desestabilización, evidenciando su postura firme contra cualquier forma de agresión o desorden público.
En este contexto tan delicado, Antelo hizo un llamado urgente a los diferentes actores involucrados en el conflicto para que depongan sus actitudes hostiles y busquen canalizar sus demandas a través de medios democráticos. Por eso hacemos un llamado urgente al cese de toda forma de violencia y al retorno del diálogo, afirmó con determinación. Concluyó su pronunciamiento destacando que la estabilidad es una condición indispensable para poder construir cambios reales y duraderos en el país.
La situación actual plantea desafíos significativos, no solo para el gobierno y los sectores sociales implicados, sino también para el tejido empresarial que observa con preocupación cómo las tensiones pueden afectar no solo sus operaciones, sino también el bienestar general del país.


