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El trágico accidente aéreo ocurrido a finales de febrero en la ciudad de El Alto dejó una profunda huella en la vida de muchas familias, entre ellas la de Lourdes Lazo Murga. Su testimonio, marcado por la conmoción y el dolor, refleja no solo la magnitud del desastre sino también la fuerza con la que aferrarse a la vida y a la esperanza en medio de una tragedia devastadora.

Lourdes, una mujer de 33 años, viajaba junto a su madre, Adela Murga Quispe, y otros familiares en un minibús que regresaba a casa tras participar en una jornada espiritual en su iglesia cristiana. En total, nueve personas se encontraban en el vehículo cuando fue impactado por parte de un avión Hércules C130 que se estrelló contra ellos. La escena fue tan aterradora que Lourdes recuerda haber cerrado los ojos en un instante de desesperación suplicando que su madre aún no estuviera lista para partir. Lo que siguió fue una experiencia que ella define como milagrosa: sintió una protección divina que les permitió salir con vida pese a las heridas graves sufridas.

El choque causó la muerte de 23 personas y dejó heridas a otras 37. Entre los fallecidos había siete familiares directos de Lourdes, quienes se encontraban en el minibús cuando ocurrió el impacto. La tragedia no solo afectó a quienes viajaban en esa unidad sino también a transeúntes y ocupantes de al menos quince vehículos que transitaban por las inmediaciones del Aeropuerto Internacional de El Alto. La dimensión del desastre quedó reflejada en el estado irreconocible del minibús, convertido en un amasijo de metal retorcido y fragmentos cortantes producto del choque con una aeronave cargada con decenas de toneladas de billetes destinados al Banco Central.

La familia Lazo Murga tiene raíces humildes dedicadas a la confección artesanal de prendas tejidas. Su salida aquella mañana hacia la iglesia respondía al deseo de orar por la salud de un familiar enfermo. Sin embargo, el retorno se transformó en una pesadilla inesperada. Las primeras comunicaciones desde el lugar del accidente fueron fragmentadas y llenas de confusión; Adela intentó contactar a su hijo sin éxito inmediato y solo pudo enviar mensajes breves mientras el caos se desataba alrededor.

Cuando finalmente lograron acceder al minibús horas después del accidente, los familiares quedaron paralizados ante lo inimaginable: rastros humanos dispersos y un vehículo destruido hasta límites extremos. No obstante, entre ese horror surgió la esperanza al encontrar con vida a Lourdes, Adela y Rubén Marcelo Pérez Murga, un niño que pese a haber perdido ambas piernas seguía consciente y aferrándose a la vida gracias al valor y esfuerzo heroico de Lourdes, quien lo sacó cargado entre los escombros.

La indiferencia inicial ante las víctimas sorprendió especialmente a Lourdes; ambulancias pasaban sin detenerse mientras ella buscaba ayuda para su sobrino herido. Fue entonces cuando apareció un desconocido que con determinación detuvo un vehículo médico para asegurar atención inmediata. Esta figura anónima representa uno de los pocos rayos de solidaridad en medio del desconcierto generalizado.

Las heridas físicas no fueron lo único que marcó a las sobrevivientes; las secuelas emocionales persisten con pesadillas recurrentes que rememoran aquel instante fatal. Adela presenta profundas laceraciones incluso en su cabeza, lo cual le impide peinarse normalmente debido al daño sufrido por fragmentos incrustados. Por su parte, Lourdes carga cicatrices visibles y fracturas aunque agradece haber conservado todos sus miembros.

En medio del dolor por la pérdida irreparable de gran parte de su familia directa, madre e hija conservan una fe renovada que las impulsa a compartir su testimonio con sus hermanos espirituales cuando estén preparadas. Ambas consideran lo ocurrido un milagro divino y encuentran consuelo en esa convicción mientras enfrentan el largo camino hacia la recuperación física y emocional.

Paralelamente, las autoridades mantienen abiertas varias investigaciones para esclarecer las causas exactas del accidente aéreo. Se espera que una Junta Militar analice las cajas negras del avión estatal FAB 81 utilizado para el transporte aéreo comercial ese día bajo contrato con Transportes Aéreos Bolivianos (TAB). Entre los puntos críticos está el destino final del cargamento: 17 toneladas en billetes bolivianos destinados al Banco Central que fueron robados o quemados tras el impacto.

Este hecho pone sobre relieve no solo los riesgos inherentes al tráfico aéreo cerca de zonas urbanas densamente pobladas sino también las consecuencias humanas irreparables cuando ocurren desastres inesperados. Para muchas familias como la Lazo Murga, más allá del dolor físico o material está el desafío diario de reconstruir sus vidas después de perder seres queridos y enfrentar recuerdos imborrables.

La historia vivida por Lourdes y Adela es un relato conmovedor sobre supervivencia frente a circunstancias extremas; representa también un llamado a valorar cada instante junto a quienes amamos y reconocer la vulnerabilidad humana ante eventos fuera de nuestro control. En ese contexto, sus palabras resuenan como un testimonio vivo sobre esperanza, fe y resistencia frente a lo inesperado

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