El narcotraficante uruguayo Sebastián Marset se encuentra actualmente recluido en una prisión de máxima seguridad en Estados Unidos, tras su captura en un operativo realizado en Santa Cruz que las autoridades nacionales calificaron como “casi perfecto”. Este arresto representa un avance significativo en la lucha contra el narcotráfico transnacional, pero al mismo tiempo ha desencadenado una serie de investigaciones y operativos para desarticular la red logística que apoyaba las actividades ilícitas vinculadas a Marset dentro del país.
El viceministro de Régimen Interior, Hernán Paredes, detalló que las acciones policiales desplegadas principalmente en el norte cruceño y en la zona del Urubó han permitido la incautación de una amplia gama de bienes y materiales relacionados con la estructura criminal. Entre lo confiscado se encuentran avionetas, vehículos de alta gama, inmuebles con mobiliario lujoso, armas de fuego y drogas. Según las estimaciones oficiales, el impacto económico directo sobre la organización supera los 15 millones de dólares, lo que evidencia la magnitud del entramado criminal y su capacidad financiera.
Uno de los aspectos más llamativos del operativo fue el hallazgo de 16 avionetas distribuidas en dos aeródromos. De estas aeronaves, cuatro estaban fuera de servicio mientras que las restantes permanecían operativas. Una particularidad destacada fue una avioneta con un distintivo personal: una corona pintada en la cola, que se presume era utilizada exclusivamente por Marset. Esta posesión refleja no solo el poder económico del narcotraficante sino también el nivel de sofisticación y logística aérea que empleaba para sus actividades ilícitas.
No obstante, a pesar del decomiso inicial de ambos aeródromos donde se encontraban las avionetas, posteriormente estos fueron devueltos a sus propietarios por decisiones judiciales. Esta situación ha sido señalada por Paredes como un desafío dentro del marco jurídico vigente, evidenciando posibles limitaciones legales para mantener bajo custodia ciertos bienes durante procesos penales complejos vinculados al narcotráfico.
En cuanto a los vehículos incautados durante los operativos en la zona del Urubó, se reportaron diez unidades de alta gama. Entre ellas destaca un vehículo Mercedes-Benz blanco con blindaje nivel 7, considerado uno de los más seguros y resistentes disponibles comercialmente. Este automóvil era presuntamente utilizado por Marset para su protección personal. Además, se decomisaron dos motocicletas, incluyendo una BMW, lo que refleja un nivel elevado de recursos destinados a movilidad y seguridad dentro del grupo criminal.
El arsenal incautado también es significativo: se encontraron 21 armas de fuego diversas —fusiles, escopetas y rifles equipados con miras telescópicas— algunas con tecnología superior al armamento estándar utilizado por la Policía boliviana. Junto a estas armas fueron halladas cuatro granadas y cantidades importantes de droga: 54 kilos de marihuana valorados aproximadamente en 54.000 dólares y tres sobres con cocaína cuyo peso total alcanzó los 200 gramos. Este armamento sofisticado y el volumen considerable de estupefacientes confirman el carácter peligroso y bien organizado del grupo liderado por Marset.
La policía también intervino cinco inmuebles lujosos —tres ubicados en Urubó y dos en Las Palmas— donde además del mobiliario costoso se encontraron cajas fuertes que fueron minuciosamente registradas con la presencia de notarios para asegurar la cadena de custodia legal. Estas propiedades refuerzan las evidencias sobre el lavado de dinero proveniente del narcotráfico y el enriquecimiento ilícito vinculado a esta organización.
Durante las operaciones policiales fueron detenidas ocho personas relacionadas con la red criminal. Cuatro fueron enviadas al penal de Palmasola tras ser capturadas inicialmente en Las Palmas; entre ellas figuraban miembros del equipo personal de seguridad cercano a Marset: dos colombianos, un venezolano y una ciudadana uruguaya. En Urubó cayeron otras cuatro personas; entre ellos un chileno con antecedentes por narcotráfico, un brasileño vinculado al grupo criminal Comando Vermelho —una organización conocida internacionalmente— y dos personas cuyos datos no fueron revelados por razones legales.
La presencia internacional dentro del equipo criminal refleja la dimensión transnacional del caso. Además, durante los registros apareció una pintura que retrata a Marset junto a tres narcotraficantes asociados y al personaje ficticio Tony Montana —interpretado por Al Pacino— símbolo popularizado como icono cultural relacionado al mundo del crimen organizado.
Respecto a los cargos legales contra Sebastián Marset, el viceministro Paredes confirmó que ya está bajo custodia estadounidense enfrentando procesos judiciales vinculados al tráfico internacional de cocaína y lavado de dinero. La Administración para el Control Antidrogas (DEA) informó oficialmente que agentes estadounidenses escoltaron a Marset tras su captura para someterlo a juicio federal por estos delitos graves.
Marset había sido incluido casi un año atrás en la lista negra de fugitivos más buscados por la DEA debido a su papel principal dentro de una organización dedicada al tráfico internacional desde Bolivia hacia Europa. Su arresto representa no solo un golpe importante contra esta red sino también un avance hacia mayor seguridad regional e internacional frente al narcotráfico.
En cuanto al lavado de dinero, delito severamente penado bajo la legislación estadounidense vigente desde 1986 mediante la “Ley de Control del Lavado de Dinero”, Marset enfrenta potencialmente hasta 20 años prisión además multas multimillonarias que pueden alcanzar medio millón o incluso duplicar el monto involucrado. Además están previstas confiscaciones patrimoniales sustanciales así como antecedentes penales permanentes.
Las investigaciones apuntan a Marset como intermediario clave encargado no solo del transporte sino también de coordinar operaciones logísticas complejas entre productores bolivianos y mafias europeas dedicadas al tráfico ilícito. Su rol incluía gestionar envíos internacionales, negociar contratos con otras organizaciones criminales e incluso administrar pagos financieros derivados del negocio ilegal.
Un elemento fundamental dentro del caso fue su relación con Federico Ezequiel Santoro Vassallo, socio uruguayo considerado tesorero principal y presunto financista internacional vinculado directamente a esta red criminal globalizada. Santoro fue condenado recientemente a 15 años prisión tras declararse culpable ante un tribunal federal estadounidense por lavado masivo de dinero proveniente del narcotráfico mediante varias empresas fachada usadas para ocultar fondos ilícitos.
Según informes judiciales estadounidenses presentados durante el proceso contra Santoro, este movió más de once millones dólares utilizando bancos estadounidenses en apenas cinco meses para blanquear recursos ilegales vinculados a esta organización criminal internacional liderada parcialmente por Marset.
Este contexto pone en evidencia cómo estructuras internacionales complejas combinan actividades ilícitas como producción y tráfico ilegal junto con sofisticadas maniobras financieras destinadas a ocultar ganancias mal habidas mediante empresas aparentemente legales. La captura e imputación formal tanto en Bolivia como Estados Unidos constituyen pasos cruciales para desmantelar estas redes transnacionales que afectan gravemente la seguridad pública y económica tanto local como globalmente.
En conclusión, la detención definitiva del narcotraficante Sebastián Marset representa no solo un éxito operativo sino también un desafío jurídico-policial complejo debido al entramado financiero y logístico asociado. Las acciones continuas para desarticular sus redes internas reflejan el compromiso estatal para combatir eficazmente este tipo crimen organizado que impacta directamente sobre comunidades locales e internacionales afectadas por el narcotráfico y sus consecuencias sociales negativas


