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La ciudad de Tarija se encuentra profundamente conmovida por el fallecimiento de Alessandro Fiorina, un clérigo italiano cuya vida, durante más de dos décadas, estuvo dedicada a ofrecer apoyo y esperanza a quienes luchaban contra la dependencia del alcohol y otras sustancias. Su partida deja un vacío considerable, no solo en el ámbito eclesiástico, sino en el corazón de los cientos de hombres y mujeres a quienes brindó una oportunidad para reconstruir sus caminos.

Al establecerse en Tarija hace varias décadas, el Padre Fiorina identificó rápidamente una necesidad social apremiante: la situación de abandono que enfrentaban aquellos marginados por sus adicciones. Decidió entonces ir más allá de las funciones pastorales tradicionales, adentrándose en las calles y rincones menos visibles de la ciudad para buscar a quienes habían perdido su rumbo y su esperanza.

Impulsado por esta profunda convicción, y tras un considerable esfuerzo para obtener los recursos necesarios, fundó el centro La Colmena de Santa Rita, situado en la comunidad de San Mateo. Este espacio trascendió la noción de un simple refugio, transformándose en un hogar acogedor donde decenas de personas aprendieron a convivir en comunidad, a recuperar la disciplina y a reconocer sus propias capacidades y responsabilidades.

En La Colmena, cada residente encontraba la oportunidad de capacitarse en diversas áreas según sus aptitudes, abarcando desde la cocina y la panadería hasta la metalurgia y la carpintería. El Padre Fiorina mantenía la firme creencia de que la verdadera reinserción social no podía lograrse únicamente a través del acompañamiento espiritual, sino que requería herramientas prácticas que permitieran a cada individuo alcanzar la autonomía.

Su carisma y cercanía lo convirtieron en una figura ampliamente reconocida en las calles de Tarija. Muchos lo recuerdan recorriendo los barrios más humildes, a menudo llevando consigo alimentos o termos de café para ofrecer una comida caliente y una palabra de aliento. En épocas festivas, como la Navidad, solía vestirse de Papá Noel para distribuir comida y pequeños obsequios en zonas desfavorecidas, prestando especial atención a las personas en situación de calle.

Nunca buscó reconocimiento público; su mayor satisfacción residía en ser testigo de transformaciones personales: un hombre superando el alcoholismo, una madre recuperando a sus hijos, o un joven encontrando su primer empleo libre de adicciones. A quienes llegaban al centro con la esperanza desvanecida, les transmitía un mensaje constante de resiliencia, recordándoles que siempre es posible levantarse, sin importar la profundidad de la caída.

La noticia de su fallecimiento ha generado una ola de profundo pesar en toda Tarija. Vecinos, exresidentes de La Colmena, voluntarios y feligreses se han congregado para rendirle homenaje, compartiendo innumerables historias sobre cómo el sacerdote, con una mezcla de paciencia inquebrantable y firmeza, les ayudó a recuperar su dignidad. En las plataformas digitales, las expresiones de gratitud se multiplican, recordándolo como un padre, un amigo y un auténtico guía espiritual, profundamente conectado con su comunidad.

El legado del Padre Alessandro no se mide en estructuras físicas ni en estadísticas, sino en las incontables vidas que transformó. La institución La Colmena de Santa Rita continuará su labor esencial, manteniendo vivo el compromiso de su misión, aunque para muchos, será difícil imaginar su funcionamiento sin la presencia del hombre que la concibió, la fundó y la sostuvo con una fe inquebrantable.

Tarija despide hoy a un benefactor extraordinario, un sacerdote italiano que hizo de Bolivia su hogar y de los más desfavorecidos, su verdadera familia

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