El vínculo entre el narcotráfico y el fútbol ha encontrado en la figura de Sebastián Marset un caso emblemático que revela cómo el deporte puede ser utilizado como un vehículo para actividades ilícitas, en este caso, para el lavado de dinero proveniente del narcotráfico. Marset, un uruguayo cuyo sueño era convertirse en una estrella similar a David Beckham, empleó su fortuna obtenida de manera ilegal para insertarse en el mundo del fútbol, no mediante sus habilidades deportivas, sino a través del poder económico que le permitía comprar su lugar en equipos y manipular estructuras deportivas.
Desde sus primeros pasos en el fútbol profesional paraguayo, Marset demostró que su interés principal no era la competencia deportiva sino la influencia económica. En 2021 desembolsó una suma considerable para vestir la camiseta número 10 del Deportivo Capiatá, un equipo de segunda división en Paraguay. Más allá de lo anecdótico que pueda parecer comprar un dorsal emblemático, esta acción simbolizaba su estrategia: utilizar el dinero como herramienta para mantenerse dentro del ambiente futbolístico. Su rol dentro del club trascendió el mero jugador; él mismo se encargaba de abonar los elevados salarios a otros futbolistas, consolidando así una red de dependencia económica que garantizaba su permanencia y control sobre el equipo.
Sin embargo, la falta de cualidades deportivas era evidente. La técnica, la visión táctica y la resistencia física necesarias para competir profesionalmente no formaban parte del repertorio de Marset. A pesar de ello, su capacidad financiera le permitió prolongar su estancia en la cancha más allá de sus limitaciones físicas y técnicas. Esta dinámica no solo se observó en Paraguay sino también cuando trasladó sus operaciones a Bolivia, específicamente a Santa Cruz de la Sierra.
En Bolivia, Marset llevó su estrategia a otro nivel al adquirir la propiedad del Club Leones del municipio de El Torno. Para consolidar su presencia y evitar ser identificado por las autoridades locales, utilizó documentación falsa proporcionada por la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), identificándose como Luis Paulo Amorim Santos, un supuesto brasileño. Esta maniobra le permitió legitimarse ante la Asociación Cruceña de Fútbol (ACF) y participar activamente en los torneos locales con total normalidad aparente.
Para fortalecer su proyecto futbolístico y darle mayor credibilidad al club Leones, Marset reclutó a exjugadores profesionales atraídos por salarios significativamente altos para ese nivel competitivo. Además, incorporó a un exseleccionado nacional como director técnico del equipo, lo que evidenciaba una inversión sustancial con miras a alcanzar logros deportivos importantes. Su ambición era disputar la Copa Simón Bolívar con la intención explícita de ascender a la División Profesional boliviana.
No obstante, este entramado comenzó a desmoronarse cuando las autoridades policiales realizaron un allanamiento al domicilio donde residía Marset con su familia. Este operativo tuvo lugar el 29 de julio de 2023 y marcó un punto de inflexión definitivo en esta historia. Ante la inminente captura, Marset huyó dejando atrás el proyecto deportivo que había montado con recursos ilícitos y poniendo fin abruptamente a las actividades del club Leones.
Las investigaciones posteriores revelaron implicaciones mucho más profundas dentro del ámbito institucional deportivo. Se descubrió que dirigentes vinculados a la ACF estuvieron involucrados en facilitar las operaciones ilegales de Marset. Entre ellos destacó Noel Montaño, quien en ese momento ocupaba el cargo de presidente de dicha asociación. Montaño fue acusado junto con otros miembros del directorio por presuntamente haber recibido sobornos para habilitar al uruguayo bajo identidad falsa dentro del campeonato local.
Aunque Montaño negó rotundamente estas acusaciones y nunca pudo demostrar su inocencia plenamente ante las autoridades bolivianas, optó por huir hacia São Paulo, Brasil. Sin embargo, su escape fue efímero ya que fue detenido por la Policía Federal Brasileña poco después. Este episodio pone en evidencia las redes transnacionales que pueden existir entre dirigentes deportivos corruptos y actores vinculados al crimen organizado.
Como consecuencia directa del escándalo judicial y deportivo generado por estas acciones ilícitas, el Club Leones fue sancionado severamente y descendido a una categoría inferior dentro del sistema futbolístico boliviano. Por otra parte, varios integrantes del plantel y cuerpo técnico fueron encarcelados en Palmasola debido a su implicación o vinculación con los hechos investigados.
Este caso ejemplifica los riesgos que enfrenta el fútbol cuando es penetrado por actores ajenos al deporte cuyos intereses se centran en utilizarlo como fachada para actividades ilegales como el lavado de dinero proveniente del narcotráfico. Para las comunidades involucradas—tanto en Paraguay como en Bolivia—significa un golpe importante no solo para la credibilidad deportiva sino también para las instituciones encargadas de velar por la transparencia y legalidad dentro del juego más popular.
La historia de Sebastián Marset deja al descubierto cómo el dinero ilícito puede distorsionar dinámicas deportivas legítimas e impactar negativamente tanto en los clubes como en sus aficionados. Además subraya la importancia vital de fortalecer los mecanismos institucionales para prevenir este tipo de infiltraciones criminales y preservar así la integridad del fútbol regional frente a amenazas externas que pueden socavar sus valores fundamentales


