Un trágico accidente ocurrido en la mina Amayapampa, ubicada en el departamento de Potosí, ha dejado dos víctimas fatales: un adolescente de 15 años y un hombre de 38. Ambos perdieron la vida tras quedar sepultados bajo una avalancha de rocas y tierra mientras realizaban labores auríferas en el interior del centro minero. Este lamentable suceso ha generado conmoción y preocupación en la comunidad local, debido a las condiciones precarias y los riesgos inherentes a la actividad minera en la región.
Según el informe brindado por la Policía local, las dos personas fallecidas ingresaron junto a otros comunarios al interior de la mina con el propósito de extraer oro y otros minerales. Sin embargo, se confirmó que ni el adolescente ni el hombre formaban parte del personal habitual o autorizado para trabajar en ese centro minero específico, lo que sugiere que podrían haber accedido sin los permisos correspondientes o sin las debidas medidas de seguridad. Esta situación pone en evidencia la informalidad que aún persiste en muchas explotaciones mineras de la zona, donde trabajadores no capacitados o no registrados se exponen a peligros extremos.
Además del fallecimiento de estas dos personas, una mujer resultó herida durante el derrumbe dentro de la mina. Las autoridades locales y los equipos de emergencia, incluyendo la Policía y Bomberos, acudieron rápidamente al lugar para rescatar a los afectados y proceder al retiro de los cuerpos sin vida. Posteriormente, estos fueron trasladados a la morgue regional para realizar los trámites legales y periciales correspondientes.
Este incidente se suma a otro acontecido recientemente en otra mina del mismo departamento. En esta ocasión, dos mineros fueron encontrados sin vida dentro de la mina “La Degollada”, situada en el municipio de Porco. La investigación preliminar apunta a que ambos habrían fallecido por inhalación de gases tóxicos acumulados en el interior del socavón, un riesgo frecuente en explotaciones subterráneas donde la ventilación es deficiente o inexistente. Estos casos reflejan una preocupante tendencia en Potosí, donde los accidentes mineros son recurrentes y continúan cobrando vidas debido a las condiciones inseguras y a la falta de controles efectivos.
Las autoridades han emitido recomendaciones explícitas dirigidas a toda la población potosina para que eviten ingresar a centros mineros sin contar con las protecciones necesarias ni con los permisos oficiales. Este llamado busca prevenir futuros accidentes fatales derivados del ingreso irregular o irresponsable a minas que no cumplen con estándares mínimos de seguridad laboral. La informalidad minera representa un riesgo constante tanto para quienes trabajan directamente en estas faenas como para sus familias y comunidades cercanas.
El contexto histórico y socioeconómico del departamento de Potosí explica en parte esta situación. La minería ha sido durante siglos una actividad fundamental para esta región, pero también ha estado marcada por episodios trágicos vinculados a accidentes laborales y condiciones precarias. En muchos casos, trabajadores jóvenes e incluso menores se ven obligados a participar en estas labores informales para sostener económicamente a sus hogares, exponiéndose así a peligros letales como derrumbes o intoxicaciones.
El reciente accidente en Amayapampa pone nuevamente sobre la mesa la necesidad urgente de implementar políticas públicas orientadas a mejorar las condiciones laborales dentro del sector minero local. Esto incluye fortalecer los mecanismos de regulación, inspección y capacitación para prevenir incidentes como estos que afectan directamente a familias potosinas y generan pérdidas humanas irreparables. Mientras tanto, las comunidades continúan enfrentando un escenario complejo donde el riesgo es latente cada vez que se adentran en estas minas buscando una fuente vital de ingresos.
En definitiva, estos hechos subrayan la importancia crucial de promover una minería segura y responsable en Potosí, garantizando que quienes participan tengan acceso a equipos adecuados, formación profesional y entornos controlados que minimicen cualquier peligro inherente al trabajo subterráneo. Solo así podrá evitarse que tragedias similares sigan ocurriendo y afecten profundamente a esta histórica región minera del país


