Un ambiente de expectativa y emoción se vivió entre miles de habitantes que aguardaban en la carretera que conecta el centro de la ciudad con el aeropuerto de Viru Viru. La espera era para un vuelo muy especial, uno que marcaba el regreso de una figura política emblemática.
Luis Fernando Camacho, tras permanecer más de dos años y medio en prisión en el penal de máxima seguridad de San Pedro de Chonchocoro, salió en libertad. Sosteniendo una bandera, luciendo la banda que simboliza su cargo y con una sonrisa característica, dejó atrás un periodo que generó profundas heridas en la región. Su liberación coincidió con un panorama electoral que cerró las puertas al Movimiento al Socialismo (MAS) en las recientes elecciones.
Al salir del penal, Camacho reafirmó su compromiso con la población, señalando que nunca se rendiría ni se sometería a presiones políticas. Al aterrizar, mostró su gratitud y conexión con su tierra al arrodillarse y besar el suelo. Posteriormente, se reencontró con su familia y recibió el bastón de mando en el aeropuerto, símbolo que marcaba su regreso oficial al gobierno regional.
Las calles se llenaron de una multitud que, con entusiasmo, lo acompañó en una caravana que evocaba las luchas del pasado, pero con la esperanza renovada de un cambio en la dirección política del país.
En otro ámbito, septiembre trajo consigo un momento de profunda tristeza para la comunidad. La muerte del exalcalde Percy Fernández conmocionó a la ciudad y al departamento. Su partida ocurrió al inicio del mes que se esperaba celebrar con alegría tras los recientes acontecimientos políticos.
Fernández, quien falleció a los 86 años, fue una figura clave en el desarrollo regional. Su trayectoria incluyó roles como presidente del Comité Cívico, senador y alcalde, cargos desde los cuales impulsó el crecimiento y transformación de la ciudad. Su retiro en 2020 marcó el fin de una etapa dedicada al servicio público.
El homenaje que se le rindió fue un reflejo del respeto y cariño que generó a lo largo de su vida. Autoridades y ciudadanos destacaron su legado como un líder visionario y comprometido, así como su carácter humilde y lleno de amor por la comunidad. La catedral local se convirtió en el escenario para expresar gratitud y despedir a un servidor público que dejó una huella imborrable en la región


