El Congreso de Perú destituyó este martes al presidente interino José Jerí, marcando un nuevo capítulo en la inestabilidad política que ha caracterizado al país en los últimos años. Este cambio representa la octava transición presidencial en menos de una década, un periodo marcado por constantes crisis institucionales y políticas que han generado un clima de incertidumbre a pocos meses de las elecciones generales. La destitución de Jerí se produjo mediante una serie de mociones de censura presentadas por diversos sectores del Legislativo, reflejando la falta de consenso y apoyo político que enfrentaba el mandatario.
José Jerí asumió la presidencia interina en octubre pasado tras la destitución de Dina Boluarte, quien había accedido al cargo en 2022. Su mandato, inicialmente concebido como un gobierno transitorio para llevar al país hacia las próximas elecciones, se vio truncado antes de cumplir cuatro meses debido a diversas investigaciones que comprometieron su gestión y su imagen pública. Estas pesquisas incluyen acusaciones por presunto tráfico de influencias vinculadas a reuniones clandestinas con empresarios chinos vinculados a contratos estatales y a la oficina presidencial. Dichas investigaciones erosionaron rápidamente su respaldo político y social, lo que terminó por precipitar su salida del poder.
El respaldo político más significativo con el que contó Jerí durante esta crisis fue el del partido fujimorista, el grupo más grande dentro del Congreso peruano. Sin embargo, incluso este apoyo no fue suficiente para contrarrestar las múltiples denuncias en su contra ni para frenar las mociones de censura que finalmente condujeron a su destitución. Entre las evidencias que complicaron su posición se encuentran videos captados por cámaras de seguridad que mostraron al presidente interino visitando un restaurante chifa propiedad del empresario Zhihua ‘Johnny’ Yang bajo condiciones poco transparentes. Estas visitas ocurrieron incluso después del cierre temporal del local por incumplimiento de normativas municipales, lo cual generó sospechas sobre posibles favores o irregularidades.
Además, salieron a la luz contrataciones cuestionables dentro del aparato estatal, donde funcionarias vinculadas a Jerí habrían mantenido reuniones prolongadas en el Palacio de Gobierno, incluyendo encuentros nocturnos registrados durante fechas emblemáticas como Halloween. Estas irregularidades contribuyeron a consolidar una imagen negativa sobre la administración interina y alimentaron los argumentos para su remoción.
La carrera política de José Jerí comenzó cuando fue elegido congresista suplente en 2021 tras obtener poco más de 11.600 votos. Perteneciente inicialmente al partido derechista Somos Perú, logró ascender rápidamente dentro del Legislativo hasta presidir comisiones clave y posteriormente convertirse en presidente del Congreso. Su llegada al Poder Ejecutivo fue consecuencia directa de la crisis política que llevó a la destitución previa de Boluarte. Sin embargo, su historial también estuvo marcado por controversias previas: denuncias archivadas por violación y acusaciones por enriquecimiento ilícito relacionadas con supuestas extorsiones para favorecer proyectos legislativos empañaron su trayectoria.
La salida abrupta de Jerí abre ahora un vacío en la máxima autoridad del país y genera incertidumbre sobre quién asumirá la presidencia interina hasta las elecciones generales. Entre los nombres que han cobrado mayor relevancia está Maricarmen Alva, una figura política derechista con experiencia previa como presidenta del Congreso en 2021 y reconocida por su papel opositor frente al expresidente Pedro Castillo. Su posible designación ha generado opiniones divididas debido a su perfil polémico y el contexto político polarizado.
Este episodio refleja las dificultades estructurales que enfrenta Perú para estabilizar sus instituciones políticas y garantizar una transición ordenada hacia procesos electorales democráticos. La sucesión constante de presidentes interinos evidencia una fragilidad institucional que afecta no solo el funcionamiento del Estado sino también la confianza ciudadana en sus representantes. Con menos de dos meses para las elecciones generales, el país enfrenta un escenario complejo donde la gobernabilidad y la legitimidad política se encuentran seriamente amenazadas por conflictos internos y escándalos recurrentes.
En suma, la destitución de José Jerí constituye otro episodio significativo dentro del ciclo prolongado de inestabilidad política peruana. Las implicaciones inmediatas afectan no solo al Poder Ejecutivo sino también al Congreso y a toda la clase política nacional, obligándolos a encontrar mecanismos para preservar el orden institucional mientras se acerca un proceso electoral crucial para definir el rumbo futuro del país. La atención estará puesta ahora en quién será designado como nuevo presidente interino y cómo logrará manejar esta coyuntura crítica para evitar mayores fracturas sociales y políticas en Perú


