Uno de los desenlaces más emotivos y profundos en la historia reciente del cine nos transporta a una Inglaterra del siglo XVI marcada por la tragedia y el duelo. La historia gira en torno a una pareja que enfrenta la pérdida de su hijo de once años, un evento que sacude sus vidas y revela el poder sanador del arte y el teatro. El padre, una figura reconocida en la literatura, debe confrontar su ausencia durante una epidemia que se llevó a su hijo, mientras la madre lucha con el resentimiento y la necesidad de perdonar.
La película, dirigida por la cineasta china Chloé Zhao y reconocida con múltiples nominaciones a premios internacionales, adapta la novela de Maggie O’Farrell para explorar temas universales como el amor intenso, la incomprensión en las relaciones, el dolor de la pérdida y las diversas maneras en que las personas enfrentan el duelo. En lugar de centrarse en el hijo, la narrativa pone en primer plano a la madre, quien es retratada como una mujer con conocimientos ancestrales sobre plantas medicinales y prácticas curativas, acusada de brujería por su sabiduría y conexión con la naturaleza.
La banda sonora, compuesta por el maestro alemán Max Richter, aporta una atmósfera melancólica que acompaña las imágenes cuidadosamente capturadas por el fotógrafo polaco Łukasz Żal, cuyos encuadres evocan el estilo de grandes maestros del cine clásico. La actuación de la actriz irlandesa Jessie Buckley destaca por su intensidad y profundidad, ofreciendo una interpretación que conmueve y atrapa al espectador.
Este relato, que se ha convertido en una experiencia catártica para quienes lo disfrutan en la sala oscura, resalta cómo el teatro y la vida se entrelazan para ofrecer consuelo y comprensión ante la muerte. La película culmina con una frase que encapsula la tragedia y la resignación, mientras la figura del hijo fallecido pronuncia: el resto es silencio. Este momento, acompañado por un fundido a negro, deja una huella imborrable en el público, que siente la mezcla de tristeza y belleza que caracteriza esta obra.
En conjunto, esta producción representa un viaje emocional y visual que reafirma el poder del arte para sanar heridas profundas y conectar con las emociones más íntimas del ser humano. Su estilo y sensibilidad recuerdan a la obra anterior de Zhao, que también alcanzó reconocimiento internacional, consolidando su lugar como una voz destacada en el cine contemporáneo


