Cada 20 de noviembre se conmemora a nivel mundial el Día de la Infancia, una fecha que recuerda la adopción de la Convención sobre los Derechos del Niño en 1989. Esta jornada invita a reflexionar sobre la importancia de garantizar y respetar los derechos de los niños y adolescentes, quienes deben ser comprendidos no solo como sujetos de protección, sino también como actores con voz propia dentro de la sociedad.
Desde organizaciones dedicadas a la infancia se subraya que atender las necesidades de los menores ha dejado de ser un gesto de caridad para convertirse en una cuestión de justicia. Más allá del reconocimiento formal de sus derechos, es fundamental escuchar a los niños, conocer sus pensamientos, emociones y aspiraciones, reconociéndolos como parte integral de la población.
En Bolivia, más de 3,6 millones de niñas, niños y adolescentes representan casi un tercio de la población total. Sin embargo, las condiciones de vida de estos jóvenes son heterogéneas: mientras algunos acceden a la educación y disfrutan de espacios de juego, otros se ven obligados a trabajar; algunos crecen en ambientes afectivos y protectores, mientras otros enfrentan situaciones de violencia o abandono; y aunque algunos tienen garantizada una alimentación adecuada, muchos sufren hambre y exclusión social.
A nivel regional, el Instituto de Políticas Públicas en Derechos Humanos del Mercosur destaca avances en áreas como educación, salud y protección infantil, pero señala que persisten desafíos importantes para asegurar que todos los niños y adolescentes, sin importar su origen o condición, puedan desarrollarse en entornos seguros, cariñosos y con oportunidades equitativas.
Un informe reciente de UNICEF pone de manifiesto las desigualdades que aún afectan a la infancia en América Latina. Según este documento, cerca de la mitad de los niños y niñas viven en situación de pobreza; dos tercios son sometidos a disciplina violenta en sus hogares; cuatro de cada cinco niños de 10 años no pueden leer un texto simple; y un número significativo de niñas están casadas y son madres. Estos datos evidencian la necesidad urgente de reforzar las políticas y acciones que promuevan y protejan los derechos de la niñez y adolescencia en la región


