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Con la tradicional Batalla de Flores, Barranquilla dio inicio a su emblemático Carnaval, una de las celebraciones más importantes y representativas del folclore colombiano, reconocida internacionalmente como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por la Unesco. Este evento multitudinario, que tuvo lugar a orillas del río Magdalena, reunió a más de 14.000 danzantes distribuidos en 73 grupos folclóricos, quienes desplegaron una extensa y colorida puesta en escena que cautivó a un público estimado en más de 50.000 personas congregadas a lo largo del ‘cumbiódromo’ de la Vía 40.

Los organizadores plasmaron en el desfile el concepto denominado “río de emociones”, una metáfora que refleja la esencia del carnaval como un torrente vivo y vibrante donde confluyen múltiples expresiones culturales: desde la belleza visual y la majestuosidad hasta la tradición arraigada, el frenesí colectivo y la alegría característica de Barranquilla. Esta idea no solo resalta el espectáculo visual, sino que también enfatiza el profundo vínculo emocional que une a los barranquilleros con su fiesta más emblemática.

A pesar de las altas temperaturas que acompañaron el evento, el entusiasmo del público no se vio menguado. Por el contrario, la calidez climática pareció intensificar la energía colectiva y el disfrute compartido, reafirmando al Carnaval como una manifestación cultural esencial para la región Caribe colombiana. Este encuentro anual no es solo una celebración; es un espacio donde se expresa la diversidad cultural y folclórica del Caribe colombiano, consolidándose como una de las industrias creativas y culturales más relevantes para el país.

Entre los elementos más destacados del desfile estuvieron las marimondas, disfraces colectivos que representan una parodia histórica de los hombres adinerados que explotaban a las clases populares. Estas figuras carnavalescas, con sus orejas grandes, narices largas y ojos redondos, desfilan burlándose tanto de otros como de sí mismos, aportando un tono irónico y festivo al evento. La numerosa presencia de marimondas creó literalmente un “río” humano plagado de estas emblemáticas máscaras que son parte inseparable del carnaval barranquillero.

Además de las marimondas, desfilaron numerosos grupos folclóricos tradicionales como garabatos, congos, monocucos y negritas puloy. Estos colectivos representan distintas expresiones culturales ancestrales y constituyen el alma misma del Carnaval. En este contexto familiar y generacional destaca el caso de Alberto Gómez, su padre Mario y su hijo Carlos, quienes participan activamente en uno de estos grupos emblemáticos. Para ellos, el disfraz de marimonda es parte fundamental de su identidad familiar y cultural, un legado que se transmite con orgullo entre generaciones.

Como cada año, los creadores de disfraces y comparsas aprovecharon para reflejar acontecimientos actuales tanto nacionales como internacionales. En esta edición uno de los disfraces más llamativos fue una representación satírica que incluyó al expresidente estadounidense Donald Trump acompañado por figuras políticas venezolanas como Nicolás Maduro y Cilia Flores; también aparecieron personajes históricos como Hugo Chávez y Fidel Castro junto a íconos culturales como la Mujer Maravilla o artistas reconocidos como Óscar De León. Esta amalgama crítica e irónica refleja cómo el carnaval se convierte en un espacio para comentar con humor los hechos contemporáneos.

Acompañando este desfile folclórico también desfilaron carrozas coloridas en las cuales participaron personalidades destacadas del Carnaval incluyendo a la reina Michelle Char Fernández. Desde su carroza Regina Imperatrix, ella encabezó el recorrido exaltando elementos ancestrales propios del Caribe colombiano: los ritmos tradicionales marcados por flautas y tambores, así como la fantasía cromática propia del festival. La Batalla de Flores tiene sus orígenes en 1903 cuando se instauró esta celebración tras un período convulso para Colombia; entonces se decidió reemplazar los conflictos bélicos por batallas simbólicas hechas con flores.

En esta edición se destacó además una importante apuesta hacia la sostenibilidad ambiental dentro del Carnaval. La organización promovió la construcción de carrozas utilizando materiales menos contaminantes para reducir el uso tradicionalmente extendido del poliestireno expandido —un material derivado del petróleo altamente nocivo para el medio ambiente—. Para apoyar esta iniciativa se contó con la colaboración internacional del artista japonés Tomoaki Hasegawa quien impartió talleres especializados sobre técnicas para elaborar macro figuras con cartón reciclable. Este esfuerzo representa un compromiso concreto por parte del Carnaval para minimizar su impacto ambiental sin sacrificar su riqueza estética ni cultural.

En suma, esta apertura oficial marca cuatro días intensos donde barranquilleros y visitantes pueden sumergirse plenamente en uno de los eventos culturales más importantes e icónicos no solo de Colombia sino también a nivel mundial. El Carnaval continúa siendo un espacio privilegiado para expresar identidad regional e histórica mediante tradiciones vivas que conjugan música, danza, teatro popular y arte escénico en una celebración única e irrepetible cada año sobre las orillas del río Magdalena

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