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En Bolivia se ha detectado la producción de una nueva variante de marihuana conocida como marihuana ICE, una sustancia que se caracteriza por tener una concentración de tetrahidrocannabinol (THC) entre cuatro y cinco veces superior a la marihuana convencional. Este producto, considerado una “droga de diseño”, ha comenzado a ser fabricado en el país y presenta efectos mucho más potentes que la marihuana tradicional, lo que genera una creciente preocupación entre las autoridades encargadas del control antidrogas.

El viceministro de Defensa Social, Ernesto Justiniano, informó que desde enero hasta la fecha se ha detectado la producción de más de una tonelada de esta marihuana concentrada en Bolivia. La magnitud del problema quedó evidenciada tras un reciente operativo llevado a cabo por la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (Felcn) en la comunidad de Mojón K’asa, municipio de Toro Toro en Potosí, donde se erradicó una plantación con 25 toneladas de marihuana en estado natural. Aunque esta sustancia aún no estaba procesada, estaba destinada a convertirse en marihuana ICE. En el lugar también se encontró infraestructura para el acopio y equipos químicos utilizados para la elaboración del concentrado.

Este hallazgo ha encendido las alarmas sobre la expansión y sofisticación del narcotráfico en Bolivia. El viceministro Justiniano detalló que durante este último fin de semana, la Felcn realizó dos intervenciones adicionales en el departamento de La Paz. En uno de estos operativos se incautaron 900 kilos de marihuana y dentro de los cilindros donde se almacenaba esta droga se encontraron bolsas con marihuana ICE. Esta situación refleja un aumento significativo en la producción y distribución interna de esta droga concentrada.

La existencia y proliferación de esta nueva forma concentrada no es un fenómeno reciente ni aislado. Desde 2025, el gobierno boliviano ya había identificado un incremento en los cultivos y producción de derivados potentes de marihuana, los cuales eventualmente estaban siendo consumidos mediante vaporizadores o cigarrillos electrónicos. Un ejemplo destacado fue la intervención policial en junio del mismo año en Lagunillas, municipio de Llallagua (Potosí), donde se desbarataron más de 60 viveros con cultivos ilegales que sumaron 14,5 toneladas valoradas en más de dos millones de dólares. De acuerdo con investigaciones preliminares, parte de estos viveros habrían sido construidos con recursos públicos del proyecto Mi Agua desarrollado por gestiones gubernamentales anteriores.

La marihuana ICE se conoce también como hachís o resina concentrada; es un producto extraído directamente desde la planta con un contenido muy elevado del principio activo THC —entre 80% y 90%— lo que multiplica su potencia psicotrópica. A diferencia del efecto estimulante típico de drogas como la cocaína, esta sustancia provoca efectos alucinógenos y desinhibición conductual mucho más intensos debido a su concentración. Expertos señalan que cuanto mayor es el nivel del principio activo en la droga consumida, mayor es el riesgo para la salud y el comportamiento humano.

Aunque no existen cifras oficiales sobre el consumo interno específico de marihuana ICE en Bolivia, especialistas señalan que sí hay usuarios aunque su número sería reducido y principalmente concentrado en ciudades como Santa Cruz. No obstante, el país es considerado principalmente como un territorio “de tránsito” para esta droga hacia mercados internacionales emergentes como Brasil. Esto responde a que el precio del kilo de marihuana ICE tiene un valor similar al precio internacionalmente reconocido para la cocaína —entre diez mil y quince mil dólares estadounidenses— lo que dificulta su acceso para microconsumidores locales.

El contexto actual refleja un escenario complejo donde Bolivia ha desarrollado durante las últimas dos décadas una estructura organizada vinculada al narcotráfico que abarca desde los cultivos ilícitos hasta la producción y tráfico internacional tanto de cocaína como ahora también marihuana concentrada. Esta estructura facilita la distribución hacia países vecinos como Brasil, Argentina y Chile —mercados donde el consumo es considerablemente alto— e incluso se sospecha que podría estar involucrada en sustancias sintéticas aún no detectadas ni incautadas.

Las operaciones recientes también han revelado nuevas modalidades usadas para ingresar esta droga al país mediante cargas camufladas. Por ejemplo, se descubrió un envío procedente desde Miami con 452 cigarrillos electrónicos (vapes) cargados con marihuana líquida oculta dentro del equipamiento declarado como dispositivos electrónicos desechables durante controles aduaneros conjuntos realizados por autoridades aeroportuarias. En otro caso detectado en Santa Cruz, dentro amplificadores musicales fueron encontrados bultos con sustancia pastosa identificada como resina líquida concentrada.

Estos hallazgos evidencian no solo el avance tecnológico aplicado al narcotráfico sino también su creciente sofisticación para evadir controles fronterizos y aduaneros mediante camuflajes complejos. El Gobierno boliviano ha intensificado sus esfuerzos coordinados con países vecinos para enfrentar este fenómeno transnacional; recientemente participó junto a representantes chilenos y uruguayos en reuniones regionales donde se abordó especialmente la expansión del tráfico ilícito vinculado a estas nuevas drogas diseñadas.

Pese a su relevancia e impacto potencial sobre seguridad pública y salud social, las autoridades reconocen que aún no existen datos consolidados ni estudios profundos sobre consumo ni precios internos debido a la novedad relativa del fenómeno. Por ello continúan las investigaciones para comprender mejor las dimensiones reales del problema e implementar estrategias eficaces para combatirlo.

En suma, la aparición y crecimiento acelerado de la marihuana ICE representa un desafío emergente dentro del marco general del narcotráfico boliviano. Su alta concentración psicoactiva, precios comparables a drogas tradicionales duras como la cocaína y su compleja cadena productiva ponen en alerta a las fuerzas antidrogas nacionales e internacionales frente al riesgo latente para comunidades locales afectadas por este tipo específico de consumo así como por las redes criminales organizadas detrás del tráfico regional e internacional

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