El más reciente informe del Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) revela que Bolivia mantiene un nivel preocupante en cuanto a la percepción de corrupción en su sector público. Con una puntuación de 28 sobre 100, el país no solo repite la calificación obtenida en el año anterior, sino que además experimenta un retroceso en el ranking global, descendiendo del puesto 133 al 136 entre un total de 188 naciones evaluadas. Esta situación sitúa a Bolivia entre los tres países con mayor percepción de corrupción en Sudamérica, una posición que ha venido sosteniendo durante los últimos cinco años.
El IPC es reconocido internacionalmente como el principal indicador que mide la percepción sobre la corrupción en las instituciones públicas, utilizando una escala que va desde cero, representando la máxima corrupción percibida, hasta cien puntos, que reflejan una mínima o inexistente percepción de corrupción. En este contexto, la calificación obtenida por Bolivia pone en evidencia las dificultades persistentes del país para mejorar su imagen y transparencia institucional. La constante ubicación entre los puestos 124 y 136 durante los últimos lustros indica una falta de avances significativos en materia de lucha contra la corrupción.
En el ámbito sudamericano, Bolivia se posiciona como el tercer país con mayor percepción de corrupción, solo superado por Venezuela y Paraguay. Venezuela registra una puntuación aún más baja, con apenas 10 puntos, mientras que Paraguay también muestra indicadores preocupantes. Otros países con bajas puntuaciones en la región incluyen a Nicaragua con 14 puntos y Haití con 16, consolidando a estos países como los más afectados por esta problemática dentro del continente.
Por otro lado, el informe destaca a Uruguay como uno de los ejemplos positivos dentro de América Latina. El país alcanzó una puntuación alta de 73 sobre 100, reafirmando su condición como una democracia sólida y con niveles relativamente bajos de percepción corrupta en sus instituciones públicas. Esta diferencia marcada entre Uruguay y países como Bolivia pone en evidencia las brechas existentes en materia de gobernabilidad y transparencia dentro de la región.
A nivel global, Dinamarca se mantiene como el país con menor percepción de corrupción según este índice, alcanzando una puntuación sobresaliente de 89 puntos. En contraste, Sudán figura como el país con mayor percepción negativa sobre la corrupción pública a nivel mundial, con apenas 9 puntos. Estas cifras reflejan las disparidades significativas entre diferentes regiones y sistemas políticos alrededor del mundo.
El hecho de que Bolivia haya descendido posiciones en el ranking mundial pese a mantener la misma calificación numérica indica que otros países han logrado mejorar sus indicadores o que nuevos factores han influido en la evaluación internacional. Esta realidad representa un llamado urgente para las autoridades bolivianas a implementar políticas efectivas orientadas a fortalecer la transparencia y reducir prácticas corruptas dentro del sector público.
La persistencia en niveles altos de percepción corrupta afecta directamente la confianza ciudadana en las instituciones estatales y limita el desarrollo económico y social del país. Asimismo, impacta negativamente en la atracción de inversiones extranjeras y puede socavar procesos democráticos fundamentales para el progreso nacional. Por ello, es fundamental que se aborden estas problemáticas desde múltiples frentes para revertir esta tendencia negativa.
En resumen, los resultados del Índice de Percepción de la Corrupción para Bolivia evidencian un escenario complejo y desafiante que requiere atención prioritaria por parte del gobierno y sociedad civil. La estabilidad democrática regional también depende del avance conjunto hacia sistemas públicos transparentes y responsables que garanticen igualdad ante la ley y confianza pública duradera


