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La historia reciente de Bolivia ha estado marcada por la influencia del Movimiento al Socialismo (MAS), cuyo protagonismo se entrelaza con la figura de Evo Morales. Desde sus inicios, este partido político emergió en un contexto de crisis y cambio, dejando una huella profunda en la política, la economía y la sociedad boliviana durante dos décadas.

El surgimiento del MAS coincidió con el colapso del sistema político tradicional, tras la crisis social que provocó la renuncia del entonces presidente Gonzalo Sánchez de Lozada en 2003, seguida por la salida de Carlos Mesa. Evo Morales, líder cocalero y diputado nacional, capitalizó el descontento popular y logró una histórica victoria electoral en 2005, convirtiéndose en el primer mandatario de origen indígena en Bolivia y llevando al poder a un partido con raíces sindicales y campesinas.

Durante su gestión, el MAS implementó la nacionalización de los hidrocarburos y promovió una reforma del Estado que impulsó un crecimiento económico sostenido y una significativa reducción de la pobreza extrema, que descendió de más del 38% a cerca del 15% antes de la crisis económica reciente. Además, la Constitución de 2009 estableció un Estado Plurinacional, reconociendo la inclusión política de los pueblos indígenas.

No obstante, este periodo también estuvo marcado por episodios de tensión y confrontación. La intervención de fuerzas policiales y militares en conflictos sociales como Chaparina y La Calancha generó profundas divisiones en la sociedad boliviana. En 2016, el escándalo relacionado con la empresaria Gabriela Zapata, vinculada a una contratista china y a Evo Morales, afectó gravemente la imagen pública del entonces presidente, sumando un capítulo polémico a su gestión.

Asimismo, se registraron denuncias de corrupción, incluyendo casos relacionados con el Fondo de Desarrollo para los Pueblos Indígenas (Fondioc) y pérdidas millonarias en arbitrajes internacionales, en los cuales exprocuradores como Héctor Arce Zaconeta y Wilfredo Chávez fueron señalados por la oposición por supuestas negligencias.

El MAS también enfrentó crisis internas y cambios políticos significativos. La renuncia de Morales en 2019 tras denuncias de fraude electoral abrió paso a un gobierno transitorio, hasta que el partido regresó al poder en 2020 con Luis Arce Catacora como presidente. Sin embargo, con el tiempo, las diferencias entre Arce y Morales provocaron divisiones dentro del MAS, debilitando la unidad del partido.

Diversos dirigentes del MAS, entre ellos Álvaro García Linera, Gabriela Montaño, Carlos Romero, Sacha Llorenti, Hugo Salvatierra, Juan Ramón Quintana, Julia Ramos y Nemesia Achacollo, estuvieron implicados en diferentes controversias. La fallida proyección política de Andrónico Rodríguez también marcó un cierre en una etapa de la política boliviana.

Actualmente, Bolivia se encuentra en un proceso de redefinición política que se distancia de la era del MAS, mientras el país reflexiona sobre los símbolos, debates y conflictos que caracterizaron dos décadas de transformación social y confrontación política. Esta etapa ha dejado una impronta compleja que continúa influyendo en el rumbo del país

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