Bolivia enfrenta una situación preocupante en materia de endeudamiento externo, que se aproxima a un límite crítico establecido por organismos internacionales. Según recientes declaraciones del diputado opositor José Luis Porcel Marquina, la deuda externa acumulada por el país ya supera los 15 mil millones de dólares, cifra que podría incrementarse significativamente con los nuevos préstamos que el gobierno actual planea gestionar. Estos nuevos créditos incluyen un anuncio de financiamiento por parte del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) por un monto aproximado de 4 mil 500 millones de dólares y otro préstamo comprometido con la Corporación Andina de Fomento (CAF) por alrededor de 3 mil 100 millones, lo que elevaría el total de la deuda externa a cerca de 24 mil millones de dólares.
Este nivel de endeudamiento representa aproximadamente la mitad del Producto Interno Bruto (PIB) nacional, un umbral que los organismos financieros internacionales señalan como un límite prudente para evitar riesgos económicos mayores. El diputado Porcel enfatizó que sobrepasar este porcentaje podría poner en peligro la estabilidad económica del país y limitar su capacidad futura para acceder a financiamiento externo. Además, subrayó que los préstamos anunciados aún no han sido desembolsados ni aprobados formalmente ni en la Cámara de Diputados ni en el Senado, lo cual implica que todavía existe margen para un debate más amplio sobre la conveniencia y las condiciones de estos créditos.
La advertencia hecha por el legislador refleja una inquietud sobre la sostenibilidad fiscal y el manejo responsable del endeudamiento público. Resaltó la necesidad imperiosa de que el gobierno actúe con eficiencia en la administración de estos recursos, destinándolos a proyectos productivos y estratégicos que puedan impulsar el crecimiento económico y generar empleo formal. A su vez, llamó a los asambleístas a ejercer un control riguroso y una fiscalización efectiva sobre el uso y destino final de estos préstamos para evitar prácticas indebidas o desvíos que puedan agravar la situación financiera nacional.
En cuanto a las perspectivas para evitar llegar al límite máximo del endeudamiento, Porcel indicó que el crecimiento del PIB es fundamental. Este crecimiento podría lograrse mediante el aumento sostenido en la producción interna y las exportaciones, así como mediante la formalización progresiva de sectores económicos actualmente informales. La transición hacia una economía más formalizada permitiría ampliar la base tributaria, incrementar los ingresos fiscales y fomentar inversiones con valor agregado, contribuyendo así a mejorar las condiciones económicas generales del país.
Por otro lado, en materia tributaria se han aprobado recientemente medidas legislativas significativas con impacto directo en distintos sectores productivos y comerciales. La Cámara de Diputados dio luz verde a la eliminación del Impuesto a las Transacciones Financieras (ITF), tributo aplicado actualmente sobre depósitos y retiros bancarios en moneda extranjera. Este impuesto genera ingresos para el Tesoro General de la Nación; sin embargo, su eliminación está orientada a facilitar las operaciones financieras tanto para empresas como para particulares. La propuesta ahora se encuentra pendiente de tratamiento en el Senado para su aprobación definitiva.
Asimismo, se ha impulsado una reforma relacionada con el Impuesto al Valor Agregado (IVA) aplicado sobre la compra de combustibles. Hasta ahora, solo se permitía deducir como crédito fiscal aproximadamente el 70% del IVA pagado en combustible; con esta nueva medida se busca ampliar este beneficio al 100%, lo cual representa una reducción efectiva en los costos operativos especialmente para sectores como el transporte. Esto puede traducirse en un alivio financiero importante para quienes dependen directamente del combustible para sus actividades diarias.
En resumen, Bolivia atraviesa un momento decisivo respecto al manejo de su deuda externa y sus políticas fiscales internas. El equilibrio entre mantener niveles adecuados de financiamiento externo sin comprometer la estabilidad económica futura es crucial. Al mismo tiempo, las reformas tributarias recientes apuntan a mejorar las condiciones para diversos sectores productivos dentro del país. La combinación adecuada entre control financiero riguroso, crecimiento económico sostenido y reformas estratégicas será determinante para afrontar estos desafíos con éxito y beneficiar a largo plazo a la población boliviana


