En un operativo conjunto llevado a cabo en una zona selvática próxima a Villa Tunari, en el trópico de Cochabamba, se logró la destrucción de dos megalaboratorios dedicados a la producción de clorhidrato de cocaína. Estas instalaciones ilegales tenían una capacidad industrial para cristalizar entre 400 y 600 kilos diarios, lo que evidencia la magnitud y sofisticación de la estructura criminal que operaba en esta región cercana a los límites con el departamento de Beni.
La acción antidrogas, coordinada por las fuerzas especializadas del Estado, permitió además el decomiso de 486 kilos de cocaína de alta pureza, afectando económicamente a las organizaciones narcotraficantes en cerca de 2,5 millones de dólares. Este golpe significativo se derivó luego de una denuncia sobre la posible llegada de una avioneta para cargar droga en el área, lo que motivó una rápida intervención para desarticular el complejo sistema ilegal.
El viceministro de Sustancias Controladas, Ernesto Justiniano, explicó que el primer laboratorio fue detectado tras un sobrevuelo en helicóptero desde Chimoré hacia la comunidad Mercedes de Lojojota. Esta ubicación estratégica se encuentra en una región limítrofe entre Cochabamba y Beni, donde las condiciones geográficas y la selva densa han facilitado históricamente el establecimiento de actividades ilícitas. Posteriormente, con apoyo logístico y fluvial proporcionado por la Armada Boliviana, el equipo antidrogas llegó hasta un segundo laboratorio clandestino que también fue destruido en presencia de medios periodísticos, subrayando la transparencia del procedimiento.
Los megalaboratorios contaban con un abastecimiento constante proporcionado por al menos diez fábricas cercanas dedicadas a la elaboración de pasta base. Además, disponían de grandes cantidades de insumos químicos esenciales para la producción del clorhidrato como acetato y otros precursores almacenados en decenas de turriles. Esto demuestra no solo la capacidad productiva a gran escala sino también la complejidad operativa y logística del narcotráfico en esta región.
La cocaína incautada fue trasladada a Chimoré para su pesaje e inspección total bajo estricta supervisión del Ministerio Público y con participación activa de organismos internacionales especializados en cooperación antidrogas. Esta medida marca un cambio significativo respecto a procedimientos anteriores donde solo se verificaban muestras aleatorias; ahora todos los cargamentos decomisados son inspeccionados exhaustivamente para garantizar mayor control y transparencia.
En cuanto a la dimensión internacional del combate al narcotráfico, Justiniano destacó los avances que Bolivia ha logrado en intercambios de información y evaluación rigurosa del personal antidrogas para fortalecer su confiabilidad. Además, se están realizando gestiones orientadas a aumentar la capacidad operativa mediante apoyo técnico especializado, formación continua y dotación aérea adecuada ante las limitaciones actuales en su flota. Estas acciones reflejan un compromiso decidido por mejorar las herramientas y recursos disponibles para enfrentar eficazmente el crimen organizado.
Este operativo representa un claro ejemplo del aumento en la presencia estatal y el impacto directo contra las redes criminales que operan dentro del país. La desarticulación de estas estructuras ilegales no solo afecta económicamente al narcotráfico sino que también contribuye a reducir los espacios donde estas organizaciones pueden operar con impunidad. Con ello, Bolivia busca consolidarse como un actor activo dentro del contexto global contra las drogas, apostando por una mayor cooperación internacional que permita fortalecer sus capacidades y disminuir significativamente estos delitos que afectan la seguridad y bienestar social.
En definitiva, esta intervención muestra cómo se está avanzando hacia un modelo más eficiente e integral para combatir el narcotráfico en regiones complejas desde el punto geográfico y social. La coordinación entre autoridades nacionales e internacionales resulta fundamental para enfrentar este flagelo que tiene profundas repercusiones económicas, sociales y políticas tanto a nivel local como global. La destrucción de estos megalaboratorios es una señal clara del compromiso estatal por recuperar territorios afectados por actividades ilícitas y proteger a las comunidades vulnerables circundantes



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Pic of the week: Sunset at margate beach
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