Fernando Aramayo Carrasco asumió la dirección del Ministerio de Relaciones Exteriores en un momento desafiante, marcado por limitaciones presupuestarias y la necesidad de reformar la estructura diplomática del país. En su primer encuentro con la prensa desde el histórico edificio de la Cancillería, el nuevo titular detalló los principales objetivos y estrategias que guiarán su gestión.
El canciller expresó que su nombramiento representa un compromiso de servicio al país, inspirado en valores fundamentales como la fe, la familia y la patria. Reconoció que el Ministerio enfrenta importantes restricciones financieras y una reducción en el margen fiscal, lo que exige una renovación profunda en la carrera diplomática y una actualización de los perfiles profesionales para responder a las demandas contemporáneas.
Entre las prioridades iniciales, destacó la simplificación de trámites administrativos y la reorganización institucional, con el propósito de optimizar la gestión de recursos y generar impactos concretos en la estabilidad económica, la gobernabilidad y la confianza en las instituciones. Asimismo, enfatizó la necesidad de mejorar la atención a los ciudadanos bolivianos en el exterior mediante un diagnóstico preciso de las capacidades existentes y la situación de los connacionales.
Respecto a la carrera diplomática, Aramayo señaló que la recuperación será un proceso gradual que incluirá la modernización de contenidos y la adecuación de perfiles para que la representación internacional combine aspectos políticos y comerciales. Cada designación deberá evaluarse como una inversión orientada a abrir mercados, atraer inversiones y establecer acuerdos beneficiosos.
En materia de política exterior, el ministro anticipó un enfoque pragmático basado en principios democráticos, el Estado de derecho y la transparencia, con la intención de fortalecer las relaciones internacionales y aprovechar las oportunidades que ofrecen diferentes socios. Destacó la reactivación de vínculos con países como Estados Unidos, Alemania y Japón, incluyendo la implementación de agendas de cooperación en áreas como salud, minería, tecnología y seguridad.
Sobre la posibilidad de retomar mecanismos de cooperación en seguridad, el canciller explicó que la lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico requiere un trabajo conjunto con varios países de la región, enmarcado en una estrategia integral impulsada por el gobierno.
En cuanto a la diplomacia, Aramayo subrayó que su gestión priorizará resultados concretos, promoviendo la diplomacia digital y misiones enfocadas en la firma de acuerdos efectivos. En los foros internacionales, Bolivia buscará posicionarse con una agenda que promueva una transición energética justa, incorporando salvaguardas socioambientales y fomentando la participación en actividades de valor agregado y tecnología.
Sobre las relaciones con Chile, el ministro manifestó que se mantendrá una postura paciente y respetuosa ante la coyuntura política de ese país, con la intención de restablecer el diálogo político y diplomático, especialmente para coordinar acciones bilaterales en zonas fronterizas vinculadas a la minería y los recursos hídricos.
La diplomacia boliviana, según Aramayo, se traducirá en oportunidades concretas como la apertura de mercados, la generación de empleos digitales y la creación de ecosistemas favorables para la inversión, integrando la política exterior con la protección social basada en trabajo digno y productivo. Además, destacó la importancia de construir alianzas prácticas con países de la región y socios estratégicos como Alemania, Japón, Estados Unidos, Canadá y Reino Unido, aprovechando beneficios arancelarios e intereses inversores.
Finalmente, el titular del Ministerio de Relaciones Exteriores hizo un llamado a la ciudadanía para mantener la esperanza y la paciencia durante esta etapa inicial, con el compromiso de estabilizar la economía y avanzar hacia la prosperidad mediante un trabajo constante, transparente y orientado a resultados.
Fernando Aramayo Carrasco es economista y magíster en Gestión y Políticas Públicas, con una trayectoria de 25 años en desarrollo, gobernanza y cooperación internacional. Su experiencia incluye cargos en organizaciones como el PNUD y la GIZ, abarcando regiones de América Latina, África y Medio Oriente. Su visión apunta a modernizar la diplomacia boliviana para enfrentar los desafíos actuales y futuros


