Óscar Hassenteufel se encuentra en la recta final de su gestión al frente del Tribunal Supremo Electoral, y expresa con anhelo su deseo de regresar a sus pasiones personales: la lectura, la música y el descanso en su hamaca. Reconocido como Personaje del Año por Grupo EL DEBER, compartió una reflexión sobre su trayectoria y los retos enfrentados durante seis años en la institución.
Uno de los episodios más complejos de su administración fue la organización de las elecciones en 2020, en medio de la pandemia de COVID-19. Bolivia se convirtió en uno de los primeros países de Latinoamérica en llevar adelante un proceso electoral en esas circunstancias, enfrentando resistencia y protestas de grupos que pedían la suspensión de los comicios por temor al contagio. Este desafío, según Hassenteufel, marcó un punto crítico en su gestión.
Además, durante su presidencia se desarrolló una elección judicial que estuvo rodeada de controversias y obstáculos legales. La decisión del Tribunal Constitucional de limitar la elección a 19 magistrados, en lugar de los 26 inicialmente previstos, complicó el proceso y dejó pendiente una elección complementaria que aún debe realizarse.
Hassenteufel considera que su gestión coincidió con la transición entre ciclos políticos, y subraya que su labor consistió en cumplir con el deber de garantizar procesos electorales transparentes y confiables. Destaca la implementación del Sistema de Registro Previo (Sirepre) como un avance significativo que contribuyó a eliminar cuestionamientos sobre fraudes electorales, un logro que, en su opinión, merece ser valorado por toda la ciudadanía.
En lo personal, Hassenteufel se define como un apasionado del club Strongest desde 1969, tras un trágico accidente que marcó su vínculo con el equipo. En cuanto a sus gustos culturales, manifiesta su afinidad por la música folclórica del Oriente boliviano, así como por géneros argentinos y paraguayos, reflejo de sus años de infancia en Argentina. En el ámbito literario, se siente atraído por clásicos como “De los delitos y de las penas”, una obra crítica del sistema penal del siglo XVIII, y es admirador del escritor Mario Vargas Llosa.
Aunque su afición por el cine boliviano es clara, reconoce que hace décadas que no asiste a salas de cine, recordando con especial interés películas de acción y temáticas bíblicas, como “Los Diez Mandamientos”, que disfruta especialmente durante la Semana Santa.
Respecto a su futuro, Hassenteufel planea retomar sus investigaciones históricas y jurídicas, además de dedicar tiempo a la lectura de obras pendientes. En cuanto a la comparación entre el Tribunal Supremo Electoral y la antigua Corte Nacional Electoral, señala que la actual institución enfrenta una carga mucho mayor de responsabilidades y trabajo constante, destacando la digitalización del Registro Civil como un avance que facilitó trámites para la población en todo el país.
En el plano familiar, destaca la unión y cercanía con su esposa, con quien lleva más de cinco décadas de matrimonio, sus tres hijos y siete nietos. A pesar de su preferencia personal por otras ciudades, optaron por residir en La Paz para mantener la cercanía con sus seres queridos. Relata con humor una “consulta familiar” para decidir sobre su residencia, respetando la decisión mayoritaria.
Las reuniones familiares suelen estar marcadas por la música que él propone y la convivencia alrededor de comidas sencillas, priorizando el disfrute del tiempo compartido. En cuanto a su vocación profesional, cuenta que inicialmente pensó en estudiar medicina debido a una experiencia infantil durante una epidemia, pero finalmente se inclinó por el derecho tras una inspiradora charla vocacional, lo que lo llevó a convertirse en un abogado satisfecho con su elección.
Para el futuro inmediato, su principal proyecto es acompañar más a su esposa, quien ha vivido momentos de soledad durante sus largas jornadas laborales. Valora la importancia de compartir y disfrutar juntos el tiempo que les queda.
Al recibir la distinción como Personaje del Año, Hassenteufel se mostró agradecido y emocionado, reconociendo el honor que representa y expresando su gratitud sincera por este reconocimiento


