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En una alocución de treinta y cuatro minutos que resonó con simbolismo y referencias históricas, el presidente Rodrigo Paz Pereira delineó el rumbo de su administración al proponer un Acuerdo Nacional del Bicentenario. Esta iniciativa está dirigida a las diversas fuerzas políticas y sociales del país, con el objetivo de establecer las bases para una transformación integral del Estado boliviano, la recuperación de la ética pública y la integración del país en el escenario global con dignidad y sin condicionamientos ideológicos.

Ante la Asamblea Legislativa Plurinacional y una nutrida representación de delegaciones internacionales, el mandatario enfatizó la oportunidad histórica que se presenta para Bolivia. Argumentó que, por primera vez en muchos años, existen las condiciones propicias para emprender las reformas estructurales que la nación requiere. Subrayó que la meta es la transformación del Estado para que sirva a la nación, y no al revés, una distinción que fue recibida con aplausos.

El plan de gobierno se articula en torno a cinco pilares fundamentales: una reforma judicial exhaustiva, una modernización económica y productiva, la restauración de la ética en la gestión pública, una profunda transformación educativa y tecnológica, y el fortalecimiento de las políticas ambientales.

En el ámbito ecológico, el presidente prometió una gestión comprometida con la protección de los recursos naturales, incluyendo ríos, bosques y glaciares. Anunció que su gobierno buscará armonizar el crecimiento económico con la sostenibilidad ambiental, presentándose como una administración verde, impulsora de la innovación, la ciencia y la tecnología.

Respecto a la economía, se garantizó el respeto a la propiedad privada y la seguridad jurídica, elementos considerados esenciales para la reactivación de la inversión y el desarrollo. La política exterior, por su parte, se proyecta como soberana, pragmática y desprovista de ataduras ideológicas, fundamentada en el interés nacional y el respeto a la autodeterminación de los pueblos. El presidente expresó su deseo de que Bolivia retome su lugar en el mundo con una postura de respeto y dignidad, aspirando a una América Latina libre, democrática y en paz, y posicionando al país como un punto de encuentro en lugar de confrontación.

Un segmento significativo de su mensaje estuvo dedicado a la juventud boliviana, a quienes identificó como la fuerza motriz del futuro de la nación. El compromiso es ofrecerles una educación moderna, oportunidades reales y un país conectado globalmente, incentivando su permanencia y contribución al desarrollo nacional. La libertad, afirmó, se cimenta en la paz social, el trabajo digno y la educación.

El cierre de la intervención presidencial estuvo marcado por una profunda emotividad. Con un llamado a la unidad y un sentido de propósito espiritual, el mandatario concluyó su discurso, evocando principios de resiliencia y servicio a la nación. Hizo una promesa de reconstrucción del país a través del trabajo, la honestidad y la fe, inspirando una ovación de la concurrencia y el respaldo de la ciudadanía congregada en la Plaza Murillo. Entre lágrimas, el presidente Paz Pereira finalizó su primer mensaje presidencial, conectando con las raíces de su familia, el legado de los fundadores y la esperanza de un nuevo amanecer para Bolivia, sellando así el inicio de una etapa que promete reconciliación, apertura y transformación nacional

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