La exploración de hidrocarburos en el país ha enfrentado un periodo de significativos desafíos, con múltiples proyectos de perforación llevados a cabo durante las administraciones recientes que no han logrado los resultados esperados. Estos esfuerzos, tanto bajo el mandato del expresidente como en el gobierno saliente, se han caracterizado por una ausencia de descubrimientos relevantes.
Analistas del sector atribuyen esta situación a una carencia fundamental de planificación estratégica en la industria petrolera nacional. Se señala que los recursos hidrocarburíferos son finitos y requieren una visión a largo plazo para su renovación y gestión sostenible. Una de las críticas recurrentes apunta a la composición de la dirección de la empresa estatal de hidrocarburos, donde, en periodos anteriores, se observó una prevalencia de perfiles profesionales ajenos al ámbito técnico petrolero, como abogados, economistas o representantes sindicales, lo que habría impedido una planificación efectiva y orientada a la realidad del sector.
Esta falta de una estrategia coherente para la renovación de campos y reservorios se complementa con la percepción de una insuficiente experiencia entre el personal técnico de la compañía estatal. Se argumenta que, desde la capitalización de la empresa en 1996, no se ha invertido adecuadamente en la formación de profesionales capacitados para afrontar los complejos retos de la perforación y exploración moderna. Esto ha derivado en una desaceleración de la actividad exploratoria, exacerbada por la escasez de personal cualificado y equipos adecuados.
Como consecuencia directa, el país no ha logrado reponer las reservas de hidrocarburos que han sido intensamente explotadas para satisfacer la demanda de exportación, particularmente hacia mercados como Brasil y Argentina. Los hallazgos más recientes se limitan a campos de menor envergadura, cuya capacidad no es suficiente para garantizar la provisión a largo plazo tanto para el consumo interno como para mantener los compromisos de exportación.
Incluso campos históricamente productivos, como San Alberto, se encuentran en una fase de declinación. A pesar de su prolongada explotación, existe la posibilidad de recuperar reservas adicionales, pero esto demandaría una planificación meticulosa y acciones específicas en la región subandina para evaluar y optimizar su potencial remanente. La situación actual subraya la urgencia de reevaluar y fortalecer la estrategia energética del país


