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Una reciente expedición en las Serranías del Mururata, ubicadas en la zona de los Yungas del departamento de La Paz, ha confirmado la presencia del oso andino, conocido localmente como jucumari (Tremarctos ornatus). Este avistamiento, captado mediante la instalación estratégica de cámaras trampa, representa un hito significativo para la conservación de la biodiversidad regional.

El despliegue de estos equipos en áreas remotas y de difícil acceso exige una combinación de pericia técnica, profundo conocimiento del entorno natural y una considerable resistencia física. Los especialistas encargados de esta labor deben emprender largas y extenuantes jornadas, a menudo de más de una docena de horas, para identificar rastros, seguir huellas y establecer la ubicación óptima de las cámaras. A pesar de que las distancias geográficas puedan parecer cortas en un mapa, el terreno montañoso y escarpado transforma cada kilómetro en un desafío considerable. No obstante, el hallazgo de imágenes que confirman la vida silvestre en estas regiones poco exploradas compensa ampliamente el esfuerzo invertido.

El oso jucumari ostenta la clasificación de especie vulnerable por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Su presencia es un indicador crucial de la salud de los ecosistemas, y su monitoreo continuo resulta indispensable para evaluar el estado de conservación de los hábitats andinos. De hecho, la labor de seguimiento de esta especie ha tenido un impacto tangible en el reconocimiento de áreas protegidas. Gracias a un lustro de monitoreo intensivo, una zona como la Cuenca Alta ha sido incorporada al mapa mundial de las Áreas Clave para la Biodiversidad, lo que subraya el rol del oso andino como una especie emblemática para la región.

Las cámaras instaladas en puntos estratégicos, como las cercanías de Quisno y Chojlla, han proporcionado valiosa información sobre la dieta del jucumari. En Quisno, por ejemplo, se han encontrado evidencias de una alimentación predominantemente herbívora, con heces que contenían semillas, indicando el consumo de frutos y bromelias. En contraste, los hallazgos en Chojlla revelaron restos de pelo animal, sugiriendo un comportamiento más carnívoro. Esta dualidad en su dieta resalta la adaptabilidad de la especie a los recursos disponibles en su entorno.

Expertos en biología describen al jucumari como una especie paraguas y carismática. Su protección no solo asegura la supervivencia de este majestuoso animal, sino que indirectamente salvaguarda a un vasto conjunto de otras especies, incluyendo flora y fauna de menor tamaño, que coexisten bajo su influencia en el mismo ecosistema.

Este reciente registro en las Serranías del Mururata se suma a una serie de avistamientos documentados en los últimos cinco años. Durante este período, se ha confirmado la presencia del oso andino en al menos otras cuatro áreas protegidas municipales: la Cuenca Alta del Río Parapetí, la Reserva Comunitaria de Gestión Hídrica Serranía Los Milagros, el Área Natural de Manejo Integrado y Comunitario de la Serranía Incahuasi, y el Área Natural de Manejo Integrado Municipal Serranías de Igüembe. Estos datos son fundamentales para el diseño de estrategias de conservación y manejo de los ecosistemas altoandinos, y cada nueva imagen del jucumari refuerza la urgencia de proteger los hábitats que aún le permiten subsistir

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