La nación experimentó un cambio político significativo con la reciente segunda vuelta presidencial, que culminó con la victoria de Rodrigo Paz y Edmand Lara. Esta dupla, representando al Partido Demócrata Cristiano, se prepara para asumir el liderazgo del país desde la Casa Grande del Pueblo el próximo 8 de noviembre, tras imponerse sobre la propuesta de Jorge Quiroga y Juan Pablo Velasco, quienes abogaban por un futuro libre.
Paz y Lara obtuvieron el 54.61% de los votos, frente al 45.39% logrado por Quiroga y Velasco. Estas cifras, basadas en los conteos preliminares que incluyen casi el 98% de las actas electorales, confirmaron su mandato. En un gesto de respeto democrático, el candidato derrotado, Jorge Quiroga, reconoció prontamente los resultados. Se comunicó telefónicamente con el presidente electo para felicitarlo, disipando así cualquier insinuación sobre posibles irregularidades en el proceso. Quiroga enfatizó la necesidad de estabilidad nacional, argumentando que el país no podía permitirse más inestabilidad política en un contexto de desafíos económicos. Afirmó su compromiso con el proceso electoral, señalando que solo una evidencia sistémica y verificable de fraude lo llevaría a impugnar los resultados, y manifestó su intención de esperar el recuento oficial y definitivo de los sufragios.
Mientras la facción ganadora se sumergía en celebraciones, caravanas y un ambiente de euforia, el bando opositor, en un primer momento, se caracterizó por el silencio y el hermetismo. Posteriormente, una conferencia de prensa reveló la desilusión en los rostros de quienes aspiraban a la victoria. Jorge Quiroga, quien había liderado encuestas privadas en la antesala de la segunda vuelta, compareció ante sus seguidores con un semblante de resignación desde la sede de gobierno. A pesar de la espera, mantuvo una postura erguida, respaldado por su compañero de fórmula. Reconoció el carácter inédito de esta elección en segunda vuelta y, de inmediato, buscó calmar las tensiones en torno a cualquier presunto fraude.
Quiroga reflexionó sobre la propuesta económica de su campaña, contrastándola con la del partido vencedor, y aceptó la decisión del electorado. Aunque mencionó reportes aislados de actas observadas, insistió en que la delicada situación económica del país no permitía generar mayores dificultades políticas. Reiteró su respeto por los resultados preliminares y su felicitación al presidente electo. Expresó una profunda tristeza, aclarando que su pesar no era personal, sino por la preocupación ante la trayectoria económica de Bolivia, previendo que las dificultades actuales podrían exacerbarse.
Juan Pablo Velasco, el candidato a la vicepresidencia, compartió la tristeza, describiendo el momento como duro y señalando que el resultado no reflejaba las expectativas de millones de bolivianos. Agradeció la oportunidad de haber sido parte del proyecto político, destacando su compromiso con la democracia y afirmando que, a pesar de los sacrificios personales y los ataques sufridos, no se arrepentía de su participación. Velasco también felicitó a Paz y Lara por su contundente victoria, asegurando que su partido acompañaría desde el Parlamento aquellos proyectos que resultaran beneficiosos para la nación.
A pesar de celebrar en ciudades distintas —Paz en La Paz y Lara en Santa Cruz—, el presidente y vicepresidente electos coincidieron en un mensaje de diálogo y reconciliación nacional. Edmand Lara, desde su residencia, expresó un profundo agradecimiento al pueblo boliviano y enfatizó la importancia de la fe. Hizo un llamado a la unidad y a la reconciliación, declarando que es tiempo de superar las divisiones partidistas, ya que todos somos bolivianos. Rodrigo Paz, por su parte, también apeló a la espiritualidad, sumando a sus pilares de gobierno los conceptos de patria y familia como fundamentos de su visión para Bolivia. El presidente electo recordó su compromiso previo de colaborar con sus rivales, independientemente del resultado, y ahora, desde la victoria, extendió su mano para gobernar, afirmando que la ideología no da de comer.
Desde el gobierno saliente, aún bajo la presidencia de Luis Arce, se ha garantizado una transición ordenada. La asunción de Paz y Lara el 8 de noviembre marcará el fin de casi dos décadas de predominio socialista, representado por el Movimiento Al Socialismo


