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El Paris Saint-Germain se alzó una vez más con un título continental, reafirmando su hegemonía europea por segundo año consecutivo. Este triunfo, que sigue a la conquista de la Liga de Campeones en Múnich, se gestó en una final cargada de dramatismo donde el conjunto parisino se impuso al Tottenham Hotspur tras un empate a dos goles en el tiempo reglamentario, decidiéndose el destino del trofeo en una emocionante tanda de penaltis que concluyó 4-3 a su favor. La victoria, sin embargo, se cimentó en un escenario adverso, con los franceses al borde de la derrota, registrando un 0-2 en contra hasta el minuto 84, momento en el que orquestaron una remontada épica para forzar la definición desde los once metros. Este logro les otorga la distinción de Supercampeones en lo que ya se perfila como una temporada memorable para la entidad parisina.

El inicio del encuentro mostró a un Paris Saint-Germain lejos de su versión más dominante. El equipo se encontraba en una situación límite, con su ofensiva mostrando escasa eficacia y sin la superioridad aplastante que lo caracteriza. Este rendimiento inicial se atribuyó a la falta de una pretemporada adecuada, las secuelas de la derrota ante el Chelsea en el Mundial de Clubes y la controversia que rodeaba al portero Gianluigi Donnarumma, factores que mermaron su brillo en el primer partido tras las vacaciones estivales. No era el conjunto arrollador que había aplastado al Inter de Milán para levantar su primera orejona.

A pesar de las dificultades, la calidad innata de la plantilla, su notable capacidad de recuperación y una férrea convicción por hacer historia prevalecieron. El equipo ya había superado momentos complicados en la campaña anterior y en fases de este mismo torneo, demostrando una mentalidad inquebrantable que les permitió salir victoriosos incluso en Údine. La ambición de lograr el sextete sigue viva en la capital francesa.

El Tottenham, por su parte, supo explotar las debilidades de su rival, especialmente a través del juego aéreo, que fue la fuente de sus dos anotaciones. El primer gol llegó en el minuto 39, cuando Van de Ven capitalizó un rebote tras una intervención providencial del joven portero parisino, Lucas Chevalier, quien había desviado un potente remate de Palhinha al larguero. El segundo tanto, en el minuto 48, fue obra de ‘Cuti’ Romero, quien remató de cabeza un centro de Pedro Porro. En esta jugada, Chevalier, bajo el escrutinio público por el contexto de Donnarumma, cometió un error notorio en el despeje, comprometiendo seriamente las aspiraciones de su equipo.

El planteamiento táctico de Thomas Frank, en la que fue la noche más importante de su trayectoria, resultó impecable. El estratega danés aprovechó un PSG que llegó al duelo con evidentes signos de fatiga y numerosos desafíos extra-deportivos. La asfixiante presión en campo rival, las transiciones rápidas y la fortaleza en el juego aéreo fueron sus mejores aliados. Guglielmo Vicario, el guardameta del Tottenham, quien jugaba en su ciudad natal, fue un mero espectador durante gran parte del encuentro, hasta los compases finales.

El conjunto londinense, que había llegado a la final con la convicción de que el PSG no era invencible, comenzó algo cohibido, pero poco a poco se sintió más cómodo y entero, ejecutando contragolpes más precisos. Richarlison lanzó el primer aviso con un disparo que Chevalier, en una noche de montaña rusa emocional, desvió con estilo, realizando su primera gran parada con el PSG.

El mazazo del segundo gol dejó al PSG desorientado y sin el aplomo habitual. El desenlace parecía inalterable, con el equipo rondando el área rival pero con escasa convicción ofensiva. Sin embargo, dos protagonistas insospechados saltaron desde el banquillo para cambiar por completo el rumbo del encuentro: Kang-In Lee y Gonzalo Ramos. El surcoreano sacó un potente disparo de zurda desde la frontal del área que sacudió los cimientos del Tottenham en el minuto 85. Con apenas cinco minutos más el tiempo de descuento por delante, el PSG renació. Y en el último suspiro, en el minuto 94, un centro de Ousmane Dembélé encontró en Ramos al aliado perfecto para sellar el empate.

El Tottenham se desvaneció, y el destino del trofeo se decidió en la definición desde los once metros. A pesar de que la tanda de penaltis no comenzó bien para los franceses con el error de Vitinha, el Paris Saint-Germain logró imponerse. El árbitro portugués João Pinheiro amonestó a Barcola, Pacho y Dembélé por el PSG, y a Richarlison y Danso por el Tottenham. El encuentro, correspondiente a la final de la Supercopa de Europa 2025, se disputó en el Bluenergy Stadium de Údine, en el norte de Italia. El entrenador Luis Enrique volvió a consumar la proeza, y la posibilidad de un histórico sextete sigue siendo una realidad para el club parisino

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