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Un grave episodio de violencia infantil ha conmocionado a una comunidad ubicada en la zona de la base aérea, al sur de la ciudad de Cochabamba. Un niño de tan solo 11 años fue víctima de una agresión brutal que le ocasionó lesiones que ameritan un impedimento médico de veinte días. El ataque ocurrió en un espacio común y aparentemente seguro para los menores: un parque donde el niño se encontraba jugando.

Los hechos se registraron el viernes 21 de febrero, cuando el menor se encontraba disfrutando su tiempo libre en el parque local. De manera inesperada, un vecino del sector apareció en estado de ebriedad portando un palo con el que inició una agresión física contra el niño. Según relatan los vecinos, la violencia fue tan intensa que el menor quedó herido y perdió el conocimiento. La rápida intervención de quienes presenciaron la escena fue crucial para socorrer al niño y evitar consecuencias aún más graves.

La situación ha generado gran preocupación entre los habitantes del barrio, quienes no solo lamentan la brutalidad del ataque sino también la posibilidad de que el agresor pueda quedar libre y repetir este tipo de conductas violentas. De hecho, existen antecedentes preocupantes relacionados con este individuo: en una ocasión anterior habría lesionado a otro menor con un estilete en el rostro, lo que evidencia un patrón reiterado de comportamiento agresivo hacia niños.

Ante este panorama, tanto familiares del niño agredido como vecinos han expresado su inquietud y han solicitado a las autoridades judiciales que no se permita la liberación del agresor. Se sabe que se le ha impuesto un mes de detención preventiva, medida que consideran necesaria para garantizar la seguridad en la comunidad, evitar nuevos incidentes y permitir que se realice una investigación exhaustiva sobre los hechos.

Este caso no solo pone en evidencia las vulnerabilidades a las que están expuestos los niños en espacios públicos, sino también la importancia de contar con mecanismos efectivos para protegerlos frente a actos violentos cometidos por adultos en estado de ebriedad o con antecedentes problemáticos. La indignación y preocupación vecinal reflejan una demanda urgente por justicia y por medidas que aseguren entornos seguros para los menores.

El hecho ha generado un llamado a reforzar las políticas locales relacionadas con la seguridad comunitaria y la protección infantil, así como a implementar acciones preventivas para evitar que personas con antecedentes violentos puedan poner en riesgo la integridad física y emocional de los niños. En tanto continúan las investigaciones judiciales, la comunidad permanece alerta y movilizada para acompañar al menor afectado y exigir respuestas contundentes ante esta lamentable agresión

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