La cultura boliviana atraviesa un momento de profundo pesar con la partida de uno de sus más emblemáticos exponentes. La tarde del sábado marcó el final de una era con el fallecimiento de David Santalla, un ícono insustituible del cine y el teatro nacional. Su deceso fue confirmado por las autoridades del Instituto Chuquisaqueño de Oncología (ICO) en Sucre, donde permanecía internado bajo cuidados paliativos tras una prolongada lucha contra el cáncer.
El director del ICO, Jorge Tango, informó que Santalla ingresó al centro médico apenas un día antes, en condiciones delicadas que motivaron un tratamiento intensivo. A pesar de los esfuerzos médicos y la aplicación de medidas agresivas para estabilizar su estado, no se logró una mejoría significativa. Ante la ausencia de evolución favorable, se tomó la decisión humanitaria de brindar cuidados paliativos, orientados a ofrecer confort en sus últimos momentos.
David Santalla tenía 86 años y más de seis décadas dedicadas al arte escénico. Su figura trascendió el entretenimiento para convertirse en un reflejo vivo de la identidad boliviana. A través del humor y la sátira, supo retratar las complejidades sociales y las idiosincrasias propias del país. Su trabajo abarcó desde la gran pantalla hasta los escenarios teatrales más emblemáticos, dejando una huella imborrable en ambos ámbitos.
Entre sus aportes más destacados se encuentra su papel protagónico en “Chuquiago”, una película que marcó un hito en la cinematografía local al abordar temas profundos desde una perspectiva cultural genuina. Además, Santalla creó personajes inolvidables que se han convertido en parte del imaginario colectivo nacional: la pícara Salustiana, el entrañable Toribio o el cascarrabias Don Enredoncio son solo algunos ejemplos del talento multifacético que desplegaba con maestría.
Más allá de su faceta artística, en los últimos años David Santalla fue símbolo de fortaleza y perseverancia. Su batalla contra la enfermedad fue enfrentada con dignidad y esperanza, sin perder nunca ese ingenio característico que lo definió a lo largo de toda su carrera. Este aspecto humano añadió una dimensión aún más profunda a su legado.
La contribución de Santalla al teatro boliviano es monumental: participó en alrededor de cincuenta obras y fundó una escuela dedicada a la comedia que ha formado a varias generaciones de artistas nacionales. Su enseñanza y ejemplo continúan vivos a través de quienes llevan adelante sus enseñanzas y su visión del arte como herramienta para comprender y expresar la realidad social.
Con su fallecimiento se cierra un capítulo fundamental para las artes escénicas en Bolivia, pero al mismo tiempo comienza otro: el legado inmortalizado en cada personaje creado y cada sonrisa provocada por su talento perdurará eternamente. La nación entera responde a esta pérdida con un sentimiento colectivo que trasciende generaciones; despide a David Santalla no solo con tristeza sino también con gratitud y reconocimiento profundo por todo lo que entregó al país.
El aplauso final para este maestro es también un homenaje perpetuo a su obra y a la capacidad única que tuvo para unir a los bolivianos a través del humor, convirtiéndose en un símbolo cultural cuya influencia seguirá vigente mucho tiempo después de apagarse el último telón


