En el escenario político local, las campañas electorales han comenzado a intensificarse con el tradicional auge que acompaña al Carnaval y su emblemático acto de los Compadres, evento que se repite cada cuatro o cinco años y que marca un punto de partida simbólico para las aspiraciones electorales en la región. Este año, la jornada ha cobrado especial relevancia, no solo por su arraigo cultural sino porque en ella se reflejan las estrategias y tensiones entre los principales candidatos a la Alcaldía, donde la competencia se presenta especialmente cerrada y dinámica.
Johnny Torres, actual alcalde y figura con una fuerte conexión popular durante estas fechas festivas, parece consolidar su imagen gracias a su actitud festiva más que estrictamente política. Su capacidad para transformar la Entrada del Carnaval en un evento consolidado en apenas dos años ha sido clave para mantener su popularidad. Esta celebración no solo anima el centro de la ciudad prolongando las festividades sino que también se convierte en una plataforma de visibilidad política. Sin embargo, este protagonismo también atrae críticas y ataques de sus adversarios, lo que evidencia el ambiente polarizado que caracteriza esta contienda electoral.
Entre sus principales rivales figura Luciana Campero, quien representa una alternativa con un perfil más oficialista pero enfrenta el desafío de equilibrar el respaldo del aparato gubernamental con las críticas provenientes del sector antimasista y la necesidad de proyectar una imagen auténtica y cercana a la ciudadanía. Su campaña se desarrolla bajo la presión de demostrar tanto experiencia como capacidad para gestionar los complejos temas urbanos, mientras lidia con un electorado acostumbrado a votar según convicciones propias y no necesariamente alineado con ningún bloque político tradicional.
El intercambio de acusaciones y descalificaciones entre Torres y Campero ha cobrado especial intensidad en las redes sociales, donde ambos candidatos despliegan sus mensajes buscando consolidar sus bases y atraer indecisos. Esta batalla digital refleja un fenómeno más amplio: la ciudad vive una etapa electoral donde la competencia es feroz pero también muy transparente, dado que los ciudadanos están atentos a cada movimiento y discurso.
Otros aspirantes a la Alcaldía también mantienen su presencia activa en el escenario político. Víctor Hugo Zamora continúa utilizando el respaldo de su partido UNIR para ganar terreno en redes sociales pese a la ausencia de Óscar Montes; Gustavo Carvajal trabaja desde el Partido Demócrata Cristiano (PDC) recuperando espacios gremiales; mientras Ervin Mansilla apuesta por expandir su influencia hacia zonas periféricas bajo la bandera del Movimiento Tercer Sistema (MTS). Además, figuras como Rodrigo Castillo (Demócratas), Julio Janco (Nueva Generación Patriótica) y Wilfredo Barrios Arancibia (apoyado por Edmand Lara) representan incógnitas que podrían definir los resultados en un tramo final muy competido.
Por otra parte, existen partidos inscritos que aún no revelan sus candidatos ni estrategias, como Súmate y Unidos por los Pueblos —este último identificado como una sigla destinada a agrupar remanentes del masismo— lo cual añade incertidumbre al panorama electoral.
En paralelo al pulso por la Alcaldía, la Gobernación presenta una disputa igualmente ajustada entre Adrián Oliva, candidato oficialista del partido Patria, y Mario Cossío, quien busca regresar al poder tras un largo tiempo alejado debido al dominio del masismo. La contienda está marcada por cuestiones legales todavía sin resolver: una demanda busca inhabilitar a Cossío por supuestos plazos vencidos en su refugio político; sin embargo, certificaciones oficiales indican que dicha condición sigue vigente. Este caso pone sobre la mesa aspectos jurídicos complejos que podrían influir decisivamente en las candidaturas si el Tribunal Supremo Electoral adopta una postura estricta respecto a los plazos legales.
Ambos candidatos provienen de raíces políticas similares pero representan visiones contrapuestas: Oliva encarna al oficialismo vigente mientras Cossío simboliza una oposición renovada tras 15 años fuera del escenario político regional. En este contexto, las campañas aún no han entrado en debates directos pero ya muestran signos claros de competencia intensa.
Dentro del abanico de aspirantes a Gobernador también destacan figuras como Never Antelo (Nueva Generación Patriótica), Richard Rocha (PDC auténtico), Wilfredo Vicenter (Instituto Social Autonomista – ISA), Daniel Centeno (Tercer Sistema) y otros nombres vinculados a partidos sin candidato definido hasta ahora. La diversidad de opciones refleja un escenario fragmentado donde ningún aspirante cuenta con un dominio absoluto.
Un factor clave en esta dinámica es el rol paradigmático del gobernador saliente Óscar Montes, quien ha sido protagonista indiscutible durante las últimas tres décadas. Su influencia ha marcado tanto el gobierno departamental como la alcaldía mediante sucesores como Rodrigo Paz. Su reciente enfrentamiento con obstáculos judiciales para mantener su sigla política añade tensión al proceso electoral actual. Aunque parece estar viviendo uno de sus últimos capítulos políticos debido a su edad avanzada, Montes sigue siendo un actor relevante cuya capacidad para movilizar votos podría inclinar balanzas decisivas.
En resumen, las campañas electorales locales se desarrollan bajo un clima de alta competencia donde tanto candidatos consolidados como emergentes luchan por captar apoyos en un electorado históricamente impredecible. Las festividades tradicionales sirven como escenario para mostrar músculo político mientras se preparan para un sprint final cargado de desafíos legales e intensas confrontaciones digitales y presenciales. El resultado determinará no solo quiénes liderarán las instituciones municipales y departamentales sino también qué tendencias políticas prevalecerán en una región marcada por profundas divisiones ideológicas y sociales


