En Bolivia, la calidad deficiente de la gasolina que se comercializa actualmente ha generado una serie de denuncias y preocupaciones entre usuarios y especialistas del sector hidrocarburífero. Según el análisis del experto Jaime Balanza Márquez, esta problemática tiene su origen en las fallas técnicas relacionadas con la mezcla del carburante importado con etanol anhidro, un componente esencial que se utiliza para cumplir con las normativas ambientales y mejorar la combustión.
Balanza detalló que la situación no solo afecta a la gasolina en sí misma, sino que también ha provocado daños mecánicos en vehículos, especialmente en el oriente del país, donde se han reportado fallas en bombas inyectoras, toberas e inyectores. Estos componentes son vitales para el correcto funcionamiento del motor, y su deterioro implica costos adicionales para los propietarios de automotores, además de poner en riesgo la eficiencia energética y la seguridad vial.
El especialista destacó que uno de los principales problemas radica en la falta de control sobre la calidad del etanol anhidro suministrado por los ingenios sucro-alcoholeros. Este tipo de alcohol deshidratado debe cumplir con estrictos estándares para ser utilizado como aditivo en la gasolina, ya que su pureza influye directamente en las propiedades del combustible final. Sin embargo, no existe una supervisión efectiva que garantice que el etanol entregado cumpla con las especificaciones técnicas requeridas.
Además, Balanza explicó que el proceso de mezcla o blendin entre la gasolina y el etanol anhidro debe realizarse bajo protocolos técnicos rigurosos debido a las diferencias fundamentales entre ambos combustibles. La gasolina proviene del petróleo fósil y posee una densidad molecular diferente a la del etanol anhidro, que es un combustible de origen vegetal. También difieren sus cargas eléctricas, lo que implica desafíos adicionales para lograr una mezcla homogénea y estable.
Una cuestión crítica señalada por el especialista es que Bolivia carece de plantas específicas para realizar esta mezcla de manera técnica y controlada. En lugar de contar con instalaciones especializadas, el blendin se realiza directamente al cargar el producto en camiones cisterna destinados al transporte hacia las estaciones de servicio. Este método improvisado afecta la calidad final del combustible y puede provocar inconsistencias en su composición.
Incluso se mencionan prácticas poco ortodoxas para intentar mejorar esta mezcla durante el transporte, como hacer que los camiones cisterna den vueltas o recorran caminos irregulares para facilitar la homogeneización del combustible. Estas acciones reflejan la ausencia de procedimientos adecuados y ponen en evidencia la necesidad urgente de infraestructura adecuada para garantizar un producto confiable.
Otro aspecto fundamental es el control a lo largo de toda la cadena logística desde que se carga el blendin hasta su entrega al consumidor final. Es indispensable evitar adulteraciones durante el traslado y prevenir contaminaciones en los depósitos de almacenamiento dentro de las estaciones de servicio. Cualquier alteración puede comprometer aún más la calidad del carburante y afectar negativamente a los vehículos.
La experiencia previa del especialista como coordinador general de la Superintendencia de Hidrocarburos durante crisis anteriores revela cómo algunos actores inescrupulosos han llegado a manipular combustibles mezclándolos con sustancias inapropiadas, como petróleo crudo en diésel. Esto demuestra que además de deficiencias técnicas existen riesgos asociados a prácticas comerciales poco éticas que agravan los problemas estructurales del sector.
Finalmente, Balanza alertó sobre otro factor perjudicial presente en algunos combustibles: la presencia de agua. El ingreso de agua a las cámaras de combustión reduce significativamente la temperatura necesaria para una explosión completa y eficiente dentro del motor. Esta condición provoca fallas operativas y puede generar daños mecánicos severos a largo plazo.
En conclusión, el panorama actual sobre la calidad de los combustibles en Bolivia pone en evidencia múltiples desafíos técnicos e institucionales. La ausencia de plantas especializadas para realizar mezclas adecuadas entre gasolina y etanol anhidro, junto con deficiencias en los controles sobre proveedores y transporte, impactan negativamente tanto en el rendimiento vehicular como en la confianza ciudadana hacia estos productos esenciales. Resolver estas problemáticas requiere atención urgente para proteger al consumidor final y garantizar un suministro eficiente y seguro dentro del mercado hidrocarburífero nacional


