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A pesar de la eliminación de la subvención a los combustibles, el contrabando de líquidos hacia Brasil continúa, aunque ahora el principal producto que se trafica es la gasolina, en lugar del diésel como ocurría anteriormente.

Se han registrado casos en los que un mismo vehículo reposta varias veces consecutivas en un solo surtidor, lo que indica claramente que el combustible está siendo destinado al contrabando, ya que la demanda local no justificaría un consumo tan elevado, según señaló un representante cívico.

En Bolivia, el precio de la gasolina se mantiene en Bs 6,96 por litro, mientras que al cruzar la frontera hacia Brasil, el costo se incrementa hasta Bs 14, lo que genera un incentivo económico para este tipo de actividades ilegales.

El contrabando es impulsado por personas conocidas como “pico blanco”, quienes extraen combustible directamente de los tanques de los vehículos utilizando sus labios. Esta práctica se concentra especialmente en zonas fronterizas como Puerto Quijarro y Puerto Suárez.

A pesar de la presencia de autoridades de la Aduana, la Policía y las Fuerzas Armadas en la frontera, no se ha logrado controlar eficazmente el contrabando. Testimonios revelan que existe cierto grado de complicidad, ya que en ocasiones los propios policías permiten que los contrabandistas tengan prioridad para cargar combustible antes de atender a otros usuarios.

Además, se ha detectado que algunos camiones con placas bolivianas cambian a registros brasileños al cruzar la frontera, lo cual les permite evadir la fiscalización en el lado brasileño.

Este fenómeno continúa siendo un desafío para las autoridades, que buscan fortalecer los controles y frenar el flujo ilegal de combustibles hacia el país vecino

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