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Bolivia se encuentra inmersa en un complejo escenario de inestabilidad y tensión social, tras 24 días de bloqueos y protestas que han afectado severamente la vida cotidiana en La Paz y El Alto. Este prolongado conflicto ha desencadenado un notable desabastecimiento de productos esenciales, tales como alimentos, combustibles, oxígeno y medicamentos, además de impactar negativamente en la economía y la movilidad urbana.

En medio de este clima adverso, la proliferación de noticias falsas ha exacerbado la situación. Rumores infundados sobre la renuncia de ministros, supuestas privatizaciones de empresas estatales y falsedades sobre muertes han circulado con fuerza a través de redes sociales y aplicaciones de mensajería. Esta desinformación ha generado confusión y temor entre la población, complicando aún más los esfuerzos humanitarios y gubernamentales para abordar el conflicto.

El ministro de la Presidencia, José Luis Lupo, ha enfatizado que el gobierno distingue entre las movilizaciones legítimas que buscan resolver demandas sociales y aquellos grupos que se dedican a sembrar el caos mediante la desinformación. Hay grupos que caen en el delito de sedición… acompañados de un proceso de desinformación absolutamente negativo, declaró Lupo, subrayando que el Ejecutivo no tiene intenciones de privatizar empresas estratégicas ni aumentar precios sin justificación.

José Luis Gálvez, vocero presidencial, también se pronunció sobre este fenómeno al señalar que las noticias falsas buscan desacreditar al gobierno y generar incertidumbre en la población. Hoy se los ha visto como son: violentos, criminosos, mentirosos… eso es falso, aseguró Gálvez al referirse a los rumores sobre renuncias en el gabinete.

La labor de verificación se ha vuelto crucial en este contexto. Helga Velasco, jefa de redacción de Bolivia Verifica, informó que se han detectado más de 35 contenidos falsos en plataformas como TikTok, Facebook y WhatsApp durante las primeras semanas del conflicto. Velasco destacó cómo la desinformación apela a emociones primarias como el miedo y la ira para viralizarse rápidamente. Los contenidos más comunes incluyen supuestas cartas de renuncia y comunicados manipulados por parte de instituciones como la Policía Boliviana y las Fuerzas Armadas.

La periodista investigadora Joaquín Martela aportó una perspectiva crítica sobre el impacto que estas noticias falsas tienen en la percepción ciudadana respecto a los bloqueos. Según Martela, estos rumores pueden viralizarse hasta siete veces más rápido que una noticia veraz e influyen en las decisiones de mobilización basadas en información errónea. Un ejemplo notable fue la supuesta renuncia del presidente Rodrigo Paz, un rumor que generó más de un millón de interacciones en Facebook.

La desinformación también ha incluido reportes falsos sobre fallecimientos relacionados con los operativos policiales. Martela aclaró que uno de estos casos involucró a una autoridad originaria cuya muerte no estuvo vinculada con los conflictos actuales.

Un fenómeno preocupante ha sido identificado por los investigadores: páginas dedicadas a propagar información errónea con gran alcance. Una cuenta llamada La Yapa fue señalada por su papel activo en diseminar desinformación durante este período crítico.

Ambas entidades coinciden en que los objetivos detrás de esta campaña masiva de desinformación son claros: provocar miedo e indignación entre la población, intensificar las protestas y erosionar la confianza hacia el gobierno. La situación resulta alarmante ya que puede influir significativamente en las decisiones ciudadanas y aumentar el riesgo de violencia.

Los expertos han recomendado un enfoque más crítico ante esta avalancha informativa. Es esencial tomarse un tiempo para analizar los contenidos antes de compartirlos, verificar siempre las fuentes originales y utilizar herramientas como Google para contrastar información con medios confiables.

La desinformación ha demostrado ser un acelerador del conflicto durante estos 24 días críticos en Bolivia. Las autoridades, periodistas y verificadores coinciden en que fomentar el diálogo abierto, promover la transparencia y educar digitalmente a los ciudadanos son estrategias vitales para mitigar el impacto negativo de las fake news y restaurar un clima social más pacífico. Helga Velasco concluyó con una recomendación contundente: Antes de compartir contenido, hay que verificar su autenticidad.

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